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LAS SUTILEZAS DE NOUVEL EN EL REINA SOFÍA
Siempre me pareció muy interesante la ampliación que realizó (ya hace varios años) Nouvel para el Museo Reina Sofía. Excepto el interior (en mi juicio mal planteado, poco espacioso y mal iluminado), la unión con el edificio antiguo (tanto en la visión exterior como en las comunicaciones interiores) y su limpieza visual siempre me han parecido magníficos.
Me gustaba sobre todo el gran patio semi-interior, sus grandes lucernas superiores que le alivian (visualmente) de peso, su brillante colorido, su amplitud, la biblioteca como un gran hueco trasparente que se hunde en el suelo… Y todo sin esfuerzo aparente; una gran estructura liviana, que parece elevarse por sí misma, sin apoyos visibles. Era el triunfo del high Tech, la arquitectura tecnológica, como otras obras de Renzo Piano, Pelli o Foster.
Sin embargo hace unos días he descubierto un nuevo valor que le da una nueva sensibilidad al edificio y lo encumbra a las mejores y más sutiles obras del autor.
Si se sube a la terraza (ya abierta al público), encontraréis unas buenas vistas sobre la ciudad pero, sobre todo, un fascinante juego de reflejos. La gran cubierta roja, los cristales que protegen el recorrido, se convierten en un verdadero calidoscopio que transforma el espacio circundante según la posición del espectador.
Para explicarlo, más que palabras son mejores las imágenes. Fijaros.
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Como veis el edificio no se convierte en el típico cubo de espejos que refleja de forma estática el mundo (como es habitual en los grandes rascacielos), sino que es un sugerente paseo entre lo verdadero y lo reflejado (estudiad con un poco de detenimiento las imágenes y veréis que es difícil establecer por medio de ellas lo que está reflejado y lo que es visión directa). Los famosos simulacros posmodernos
Ese mundo de fragmentos posmodernos del que hablábamos el otro día, una visión subjetiva del mundo que depende del movimiento del espectador. Una verdadera maravilla que hace de la arquitectura no sólo un espacio sino una máquina de espejismos. Hipertecnología para crear sutiles sensaciones.
Vicente Camarasa
UN ESPACIO PARA EL RECUERDO. EL MONUMENTO A LAS VÍCTIMAS DEL 11 M EN ATOCHA
Hacer buena arquitectura (y no sólo una exhibición de técnica o un pastelito de colores) es muy difícil. Más aún si esa arquitectura tiene tema (necesita contar una serie de cosas al espectador sin caer en el sentimentalismo barato), y este tema es algo tan terrible como la matanza que se sufrió en Madrid el 11 M.
Sin embargo, creo que todos esos retos fueron ampliamente superados con esta obra de arquitectura que, paradójicamente, resulta una absoluta desconocida pese a encontrarse en el mismo centro de Madrid. Por eso, por su asombrosa estética que es capaz de cargar con la terrible que llevan sus ladrillos de cristal, me parece oportuno recordar precisamente hoy este monumento y reivindicarlo, pues debería ser una visita obligada en la capital.
Desde el exterior apenas si podemos ver un extraño cilindro de cristal rodeado de tráfico. Escasa monumentalidad, como criticaron algunos, aunque muy lógica, pues el lugar ni era apetecible para una gran construcción (pues apenas podía ocupar espacio en una zona estratégica de las comunicaciones de la ciudad), ni servía para una contemplación tranquila, memoriosa. Por ello (con gran acierto) sus creadores se volcaron en su interior, recordando que aquello no eran fuegos artificiales (una tragedia así no los permite) y que la verdadera arquitectura es la creación de espacios internos (como ya hizo Mies van der Rohe en su Pabellón de Barcelona o actualmente Siza o Moneo), hechos tan sólo de aire y luz.
Por ello quien quiera verdaderamente saber debe bajar al intercambiador de Atocha (por cierto, una magnífica obra de moneo) y llegar a una especie de pared azul semitransparente en la que se abre una sencilla puerta para encontrarse con esta habitación vacía de todo menos de una color azul que casi puede tocarse.
En su centro encontramos la explicación del cilindro exterior. Es el único foco de luz de la estancia, una magnífica cúpula (que realmente no lo es) hecha con ladrillos de cristal.
En ella están escritas, en decenas de idiomas, las frases que los madrileños fueron dejando espontáneamente en la estación.
Y hasta aquí lo que se puede (y debe) contarse, pues lo demás lo ha de experimentar uno mismo con su sensibilidad y su memoria de aquellos días, e igual que uno no puede explicar verdaderamente un cuadro de Rothko o Klein, ni puede definir las esculturas de Kapoor, tampoco puede contarse nada más de esa capilla llena de un color suave que es espacio, silenciosa, un verdadero refugio zen en donde poner el contador de las emociones a 0 para comenzar a explorarse uno por dentro, y deambular por la sala o estar quieto, mirar hacia arriba para llenarse de luz o dejar que la mente se pueda mecer en el azul profundo que nos envuelve. Pasear, pensar, sentir en un espacio privilegiado a base de eliminar estímulos y dejarnos a solas con nuestra memoria, cada vez más saturada por los múltiples mensajes exteriores. (Quizás eso sea lo que verdaderamente aterra a los críticos de esta obra, estar solos consigo mismo y poderse ver por dentro como si fueran cristales del gran cilindro)
Sólo deciros que (como ocurre en el verdadero arte) la simplicidad de la habitación tiene una complejísima técnica arquitectónica utilizada para no poner soportes intermedios, así como una alta tecnología (para aislar de ruidos la habitación, para evitar que las vibraciones del tráfico afecten al cilindro de cristal, para conseguir esos ladrillos transparentes que no tuvieran dilataciones o contracciones excesivas…). Sus creadores fueron Esaú Acosta, Raquel Buj, Miguel Jaenicke, Mauro Gil-Fournier y Pedro Colón de Carvajal, que componen el estudio de arquitectos FAM (Formidable Aroma de Manzana)
Para saber más
http://www.elpais.com/fotogaleria/Diario/monumento/cristal/3699-13/elpgal/?aut=false (FOTOGRAFÍAS)
http://www.elpais.com/diario/madrid/?d_date=20070415 (TODOS SUS SECRETOS TÉCNICOS)
Vicente Camarasa
UN MILAGRO DE TECNOLOGÍA Y SENSIBILIDAD. CAIXAFORUM

CAIXAFORUM. HEZGOR Y MEURON 2008
La planta es, acaso, lo más convencional. Aprovechando el solar de una antigua gasolinera se ha planteado el mismo perímetro que ocupaba la antigua central elçectrica al que se han añadido dos plazas, una trasera y una delantera con fuente que la une al Prado y la pader de un edificio colindante para crea un jardín verical que se relacione con el cercano Jardín Botánico.
El alzado resonde a un doble criterio. Por una parte se han conservado los muros de ladrillo de la central (como elemento de la arquitectura industrial de principios de siglo), tapiando sus vanos y abriendo otros. Toda esta estructura ha sido sobreelevada sobre el suelo por medio de pilares apenas visibles en la parte izquierda, que contienen también los ascensores, dejando al edificio levitar ante el espectador y crear una plaza resguardada de las inclemencias del tiempo en donde efectuar actividades. Su pavimento es irregular e, igual que el techo, se compone de planos inclinados que llegan a su cenit en la original caja de la escalera de entrada, que se desarrolla, apoyada sobre sí misma, abriéndose según ganamos altura.
Sobre el entramado original de la central se ha creado un cuerpo superpuesto por medio de acero sin tratar para que produzca un rápido envejecimiento. Sus estructuras, muy geométricas se estructura por medio de una serie de grandes incisiones verticales que crean prismas de distintas formas, dándole variedad a la que también es la cubierta de todo el edifio.
En su interior su distribución es doble. A la izquierda se abre una zona de comunicaciones
Verticales. La escalera, sinuosa de amplia perspectiva y perfiles curvos, tiene un claro referente en Gaudí y sus formas orgánicas. Juanto a ella y comunicada por puertas (acaso demasiado estrechas) se encuentran las diáfanas salas de exposiciones sin ningún tipo de obstáculo visual. En el subterráneo se han habilitados salas de conferencias, aulas…
Comentario
Muy probablemente sea esta arquitectura una de las más ambiciosas y populares que se han creado en los últimos años. Su éxito tan temprano deberíamos achacarlo a varios factores. Por una parte su novedad física de levitación del edificio junto a la conservación de las paredes medianeras constituye un perfecto ejemplo de conservación e innovación, integración en el entorno sin renunciar a las técnicas más avanzadas.
Por otra parte, destacan especialmente el tratamiento (común en su obra, como en Barcelona) de los paramentos tanto exteriores como interiores que dan una fuerte tactilidad a su arquitectura. Así, en la fachada podemos encontrar desde el aluminio al ladrillo viejo o el acero en corrosión, unido al jardín vegetal de la pared cercana. En su interior tanto los enfoscados como, la barandilla escalera, paneles antisonido del auditórium o las traviesas de tren en los ascensores dan una nueva expresión táctil al espacio, ampliando el registro de experiencia tanto en los detalles mayores como menores.
Por otra parte es sumamente interesante el diálogo tanto con la historia (Gaugí, la Fábrica) como con el entorno que realiza el edificio. Su relación puede ser tanto visual (sus ventanas se encuentran entre los mejores miradores del jardín Botánico), como conceptual, la pared ajardinada hace un eco a la misma.
Por último es muy interesante el juego de luces establecido en numerosas zonas (escalera, planta baja, planta superior con un calado geométrico que recuerda las celosías árabes y permite ver sin ser visto), así como el agua en numerosas fuentes, anterior al edificio, interior en el primer piso, en escalera, que con motivos geométricos introduce un elemento de lo real (como la vegetación, la luz o la tactilidad) dentro de un proyecto tan riguroso, conceptual y tecnológico
Vicente Camarasa












