
Hace siete años, un día como hoy, 11 de septiembre, comenzó el siglo XXI. Para nosotros, lo españoles, todo ocurrió por la tarde; lo recuerdo perfectamente. Cuando volví de comer y entré en la Sala de Profesores la televisión estaba encendida y todos miraban una de las Torres Gemelas, que estaba ardiendo.
Había corrillos, opiniones diversas, y, como en aquella Sala de Profesores, medio mundo tenía la mirada clavada en una televisión cuando apareció lo inesperado. Un inmenso avión de pasajeros se estrelló en la segunda torre.
El resto ya lo conocéis y creo que no hace falta contarlo. Acaso porque no se puede hacer, pues aún hoy, varios años después, todo sigue pareciendo mentira.
Digo esto porque yo pasé la tarde entera viendo la televisión que no cesó de retransmitir las imágenes, cada vez más numerosas. Era el horror en directo que, pese a lo terrible que resultaba, no llegaba a conseguirme conmoverme.
Yo sabía (intuía) todo lo que podría suponer este acto terrorista nunca visto. El mundo ya no podría seguir siendo igual, me decía. Soy, además, español, y demasiado a menudo he tenido la terrible oportunidad de ver las matanzas del terrorismo de ETA, el sufrimiento de sus víctimas, la impotencia que también se llamó, en aquel verano, Miguel Ángel Blanco.
¿Por qué, entonces, no podía conmoverme ante aquellos rascacielos? ¿Qué me hacía ver la televisión con el ánimo de un espectador de cine? ¿Qué se había roto en mi interior?
Las torres eran alcanzadas una y otra vez por los aviones comerciales y, al final, terminaron derrumbándose. Miles de personas muertas en el mismo centro del mundo y millones de personas pensando que aquello no podía ser realidad. Pues no sé si os pasó algo parecido, pero aquello era tan terrible, tan sumamente real, que parecía mentira. Una película, terrorífica.
Varios años después, otro once pero esta vez de marzo, el terrorismo nos tocó en la estúpida ruleta de su violencia. Esta vez no hubo grabación en directo, sólo noticias dispersas, rumores, móviles que no tenían cobertura, ambulancias que corrían desesperadas por unas calles en donde los coches se abrían hacia los lados. Sin imágenes apenas recuerdo, sin embargo, que durante toda la mañana estuve conteniendo las lágrimas mientras intentaba explicar (el verbo es excesivo, tal vez imposible) qué era eso del terrorismo a mis alumnos.
¿Por qué ahora sí? ¿Por qué, sin necesidad de unas imágenes retransmitidas, me sentía tan mal entonces?
No sé si logro explicarme. Desde aquel momento no dejo de darle vueltas a mis distintas reacciones y, sobre todo, intento analizar cómo funciona la televisión en sus espectadores (quizás ahora se pueda comprender la imagen que abre el artículo). Los anuncios, los informativos, los concursos, las series…; todo lo que parece tan normal está lleno de trucos para conservar y aumentar la audiencia, mandar mensajes emocionales, generar o potenciar ideas…
Por todo eso HAGO UNA LLAMADA URGENTE. Necesitamos para este apartado de nuestro blog (que llamaremos si os parece bien CUIDADO, TELEVISIÓN), alguien que verdaderamente sepa. NECESITAMOS UN PERIODISTA, una persona con formación que pueda ir ordenándonos las ideas y guiarnos por este mundo.
Mientras tanto, os invito a todos los que tengáis cualquier tipo de reflexión sobre el tema, que vayáis enviándome vuestros comentarios o ideas, pues esto es también mirar el mundo, como reza el título del blog, acaso es la principal forma que tenemos de verlo en la actualidad, y sería muy interesante dejar de ser simples e inocentes espectadores y darnos cuenta de las cosas.
(Si no tenéis mi e mail, mandadme el vuestro en el comentario y os lo envío)
Vicente Camarasa