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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Semana Santa.

LOS PASOS PROCESIONALES DE SALZILLO

Oración en el Huerto, Murcia

Tomada de Museo Salzillo

Salzillo (del que tenemos ya aquí una amplia fotogalería enlazada), fue el verdadero creador de la escuela murciana que trajo los ecos barrocos y protorrococós a este campo de la imaginería.

La caída. Murcia

Su fama le permitió trabajar para varias hermandades para las que realizó un estilo de paso complejo, normalmente ocupado por múltiples figuras, con gran cantidad de postizos (desde los ropajes, olivos naturales, comida verdadera)

La Cena.

Tomada del Museo Salzillo


Con suaves anatomías, una belleza ya casi rayana en el rococó y huyendo del dramatismo, sus esculturas se policroman en brillo, con complejas composiciones pensadas para ser vistas desde varios ángulos de visión

Detalle del Prendimiento

Tomada del Museo Salzillo

Los azotes

Tomada del Museo Salzillo

 

FOTOGALERÍA ENLAZADA DE SALZILLO Y LA ESCUELA MURCIANA

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01/03/2015 19:24. sdelbiombo #. Semana Santa No hay comentarios. Comentar.

SEMANA SANTA 2011. SEVILLA

Una semana pasada por agua pero llena de amigos y momentos únicos. En Palios tenéis algunas fotos (y las que iremos incluyendo) de todo lo que se vio, ya en la calle, ya en los templos

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01/05/2011 09:27. sdelbiombo #. Semana Santa No hay comentarios. Comentar.

ESPERANDO A LA MADRUGÁ DE 2010

 

Falta apenas una semana para que llegue la noche más hermosa del año, la verdadera noche de los prodigios si el tiempo nos lo permite  y la corriente del Chorro sube de una puñetera vez a su lugar normal para que siga lloviendo mansamente sobre los prados y vacas inglesas y luzca el sol radiante de Sevilla y la luna de Parasceve brille como sólo ella sabe hacer.

Para hacer boca he puesto esta foto de la Estrella sobre el puente de Triana y publicamos un artículo conjunto en Palios (estracto de un libro en alemán sobre Sevilla y su Semana Santa que su propio autor, Berthold Volberg,  ha traducido para esta ocasión) con muchas más fotos

 

Vicente Camarasa

 

 

 


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25/03/2010 19:39. sdelbiombo #. Semana Santa No hay comentarios. Comentar.

LA SEMANA SANTA - PERVIVENCIA DE LA FE Y DEL ARTE BARROCO

Martínez Montañés. Pasión. Sevilla.

 

En el siglo XVII, la Iglesia Católica en su afán por reforzar la fe, inspirada en la doctrina que manaba del Concilio de Trento, potenció las cofradías o hermandades, sobre todo las llamadas de penitencia, una de las muchas medidas orientadas a frenar las dudas suscitadas por el protestantismo, quizá por ello, se desarrolló una estrategia iconográfica y un afán por crear imágenes con un denominador común: “el realismo religioso”. España con múltiples talleres regionales de escultores imagineros, desplegó toda su capacidad artística, creando bellas imágenes de madera policromada que conforman actualmente un valioso patrimonio artístico y espiritual. Al incalculable número de obras creadas en aquel tiempo, hay que añadir las realizadas en siglos posteriores e incluso a lo largo del siglo XX, a la vez debemos considerar la obra creada y exportada a la América Hispana.

 

Merece destacar el importante papel desarrollado por las mencionadas cofradías, asociaciones de hermanos para atender necesidades espirituales y materiales, practicaban la caridad, sufragaban hospitales con donaciones, acogían a enfermos, a pobres, incluso asistían en los últimos instantes de la vida. Entrega desinteresada a los necesitados, pauta de comportamiento cristiano como mandan los evangelios, hecho, que en la actualidad, está presente en muchas hermandades.

 

Carretería. Sevilla

 

Las agrupaciones o cofradías, encargaban imágenes o pasos a talleres de afamados artistas, en ellas volcaban toda su fe y organizaban procesiones recorriendo calles día y noche, recordando con ello la pasión, muerte y resurrección del hijo de Dios. Estos pasos, sobre estructuras de madera, eran portados a hombros y acompañados por un séquito, los llamados penitentes, junto a  multitud de devotos contemplando “la procesión”.

 

El nombre de paso proviene de passus-escena de procesión, y alude a la pasión de Cristo  hijo de Dios, pasos que representan momentos de gran intensidad  dramática, representación cronológica de la Semana que se inicia con la entrada de Jesús en Jerusalén y concluye con la Resurrección. Destacan  pasos de una sola figura o grupos escultóricos como El Camino del Calvario, La Crucifixión. el Descendimiento… el nombre de paso está casi en exclusiva vinculado a imágenes de uso procesional, diferentes son las imágenes destinadas a retablos o  altares y que excepcionalmente salían a la calle en procesiones rogativas o las  vírgenes y santos patronos para la fiestas locales.

 

Salvador Carmona. Cristo de los Estudiantes. Madrid.

 

El hecho artístico en forma de imágenes venía a representar los instantes más dramáticos vividos por Jesús el Nazareno, María su madre y los discípulos que le siguieron; estas composiciones, de gran naturalismo a veces casi expresionista, tenían como finalidad estimular la fe del creyente,  provocar un espíritu devoto y servir como medio de instrucción a los fieles, con todo ello se desarrolló un impulso emotivo y el despertar de los sentidos, al ver el sufrimiento del hombre-dios que murió y resucitó para redimirnos, hecho que se recuerda cada año en esa Semana de Pasión y Gloria.

 

Pedro Roldán. La quinta Angustia. Sevilla

 

La noche era y es, propicia para crear este ambiente espiritual de silencio y penumbra, de colores y olores, que persuaden al que cree y al que duda, acercando el hecho religioso al vivir de cada día.

Según los postulados de la Reforma Católica, resulta más fácil educar con los sentidos que con la razón.

 

La Semana Santa era el marco de concentración de la piedad y representaba la capacidad de sufrimiento de quien participaba en ella, sobre todo de los hermanos, escenificada en templos y calles, en estas, los cofrades, dentro de sus túnicas, llegaban a flagelarse el cuerpo como acto de purificación y penitencia, el pueblo participaba con sus rezos y llantos, creando un espectáculo conmovedor de fe y arte, de escenografía en plena calle, que aún hoy, se hace presente en muchos rincones de España como pervivencia de la fe.

 

Ruiz Gijón. El Cachorro. Sevilla

 

Toda España, en especial Castilla con Valladolid como centro y  Andalucía con Sevilla y Granada, desplegaron todo su afán por esta realidad que ha llegado a nuestros días, lugares donde pervive la fe, las tradiciones, la identidad local. La austeridad de Castilla propicia un catálogo de imágenes que exhiben el dramatismo y la crudeza de la pasión, que llega a su máxima expresión en los yacentes de Gregorio Fernández, maestro que proyectó sus obras en colaboración con pintores, doradores, etc., que trabajó siempre la madera policromada de tradición hispana, sus imágenes de exagerada expresividad, de realismo extremo, al entrar en comunicación con el creyente, debido a la facilidad interpretativa de los planteamientos estéticos e ideológicos, resultaron muy eficaces.

 

Gregorio Fernández. Piedad. Valladolid

 

Andalucía por su parte, muestra sus imágenes llenas de sentimiento, de aroma, de luz, de color, buscando más la belleza natural que el dramatismo, nazarenos sufrientes como El Gran Poder, crucificados apolíneos como El Cachorro, vírgenes adolescentes llenas de dolor, dulzura y fastuosamente aderezadas como La Macarena o La Esperanza de Triana, una gran variedad de modelos nacidos  en los talleres de Montañés, Juan de Mesa, Roldán, etc. La formas han evolucionado pero los conceptos no tanto, al llegar la  primavera, cada región, ciudad o pueblo, se prepara para vivir este hecho espiritual y artístico de gran teatralidad barroca, de gran arraigo en nuestra cultura, de controversia, de seña de identidad que pervive, que evoluciona, que se transforma, que interpretamos, que nos define, que está presente y estará.

 

Juan de Mesa. Gran Poder. Sevilla.

 

Texto y fotografías: Juan Aranda

 

01/09/2009 08:31. sdelbiombo #. Semana Santa Hay 3 comentarios.

SEMANA SANTA EN SEVILLA 2009



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Si quieres ver más fotos entra en  http://palios.wordpress.com

Vicente Camarasa

21/04/2009 07:15. sdelbiombo #. Semana Santa Hay 2 comentarios.

SÓLO FALTAN DOS MESES

 

Palio de la Estrella.

 

Hoy me ha escrito un amigo de Sevilla recordándome que sólo faltan dos meses para el mayor espectáculo barroco del mundo: la Semana Santa de Sevilla.

Parece mentira, pero ya está ahí al lado, y en la hermandad de la Esperanza de Triana ya están limpiando la plata para que pueda relucir su palio en la noche mágica de la Madrugá. La verdadera noche de los dones, la noche de la magia y los resplandores.

Por eso no me he podido resistir y he tenido que escribir este post en un día tan amargo.

Os dejo un vídeo de la Esperanza entrando en Campana

 

http://www.youtube.com/watch?v=E0EucUAS5Tg&feature=related

 

Vicente Camarasa

06/02/2009 22:42. sdelbiombo #. Semana Santa Hay 3 comentarios.

MÁS SEMANA SANTA BARROCA. MÁLAGA

(Impresionante trono de Los Estudiantes. Málaga)

Todavía recuerdo la clase de Barroco español como una de las más bonitas del curso. Mientras explicaba cómo se vive la Semana Santa en Sevilla, parecía que estábamos allí, viendo pasar la Macarena.

Aunque en muchos sitios se sigue una tradición parecida (como Málaga), lo cierto es que en ese lugar se vive y se siente de forma diferente, con bastante más intensidad. Tal y como nos has enseñado en muchos casos sólo se trata de manos y rostros tallados, pero de tales características que generan en nosotros unas emociones y sentimientos (en mi caso unas ganas terribles de llorar) muy muy difíciles de explicar para alguien que no ha estado allí y no lo ha visto.

Supongo que todo esto debe ser por el olor a incienso...

 

(El Cristo de Mena. Málaga)

Por cierto, sabéis que se pone en duda "la paternidad" de Goya sobre su obra El Coloso (ahora se lo atribuyen a Asensio Julià, uno de sus discípulos.....qué fuerte!!!!)

Mar San Segundo

04/07/2008 21:29. sdelbiombo #. Semana Santa No hay comentarios. Comentar.

CUANDO EL BARROCO REGRESA (SEGUNDA PARTE)

La noche del jueves ha caído y, aún sin luna, el aire ha comenzado a enfriarse hasta quedar en el punto exacto de una primavera perfecta. Al viajero que ya tanto ha conocido le aconsejaron un buen jersey, pues la noche es larga y puede ser traidora pero aún no hace frío mientras entra en Sevilla por el puente de Triana.

Frente a él se abre la imagen reflejada de la ciudad en un Guadalquivir tranquilo y, como un faro, la torre del oro anuncia los destinos de la noche. La Noche de Sevilla, aquella en la que la ciudad dará lo mejor de sí misma y se volcará a la calle. Entre la gente que se va encontrando se advierte un leve desasosiego, el que precede a los grandes momentos.

Su cámara digital lleva pilas nuevas y la memoria descargada pero no le hará falta, pues el corazón le servirá para todo. Él aún no lo sabe. Ha escuchado cosas, ha preguntado lugares y horarios para no perderse nada, pero cada uno le ha contado una cosa distinta, pues Sevilla tiene mil caras y cada una tiene que encontrar la suya en esa noche. Planificar los recorridos para luego romperlos por un gentío no previsto, por un encuentro inesperado.

Mientras piensa en todo esto el viajero toma algo en una taberna, pues ha comenzado a entender que una manzanilla y una buena tapa no contraviene ninguna de las cientos de leyes secretas que tiene el Sur, nunca escritas pero siempre presentes. Luego se dirige hacia la Magdalena y entre la gente busca un sitio, un rincón en medio de aquella luz amarillenta que enfoca la entrada del templo del que saldrá uno de los pasos mayores de la Semana: la Quinta Angustia con un Cristo a punto de ser descolgado que se balancea con un ruido quebradizo de madera vieja. Sólo eso en medio de un silencio que sólo se sabe hacer en Sevilla.

Pero la noche aún sólo está empezando y el primer escalofrío de ese Cristo muerto y pesado bajo los paños que lo sujetan. Nada apenas mientras pasa el tiempo y en la medianoche la plaza de San Salvador llega Pasión, la escultura que talló Martínez Montañés como si fuera su propio Moisés. Madera hecha sangre y músculos como nadie supo hacer, que lleva su cruz en la plaza oscura, el aliento pesado de la expectación y las pisadas de los costaleros resonando sobre la rampa de madera que le lleva hasta la puerta de la iglesia. Su cara se esconde y se desvela tras los naranjos florecidos y, como si fuera un milagro premeditado, por detrás de las casas, colocándose como una corona de luz sobre su cabeza tallada, aparece la luna triunfante, la más brillante de primavera, que hace sombras en los árboles y alarga el resto oscuro de su cruz más allá de lo posible. Pero sólo será eso, un pequeño milagro de los tantos que verá el viajero. Cómo no aplaudir cuando entra al fin en su templo. Aplaudir al esfuerzo de los costaleros y a sí mismo.

 

            A partir de entonces el tiempo se acelera, y las horas comenzarán a perderse entre esperas y minutos de emociones sin tregua. El reloj quedará escondido en la muñeca y sólo habrá un ansia de verlo todo, de empaparse como una esponja de minutos de Gloria que quedan grabados sin olvido posible. El de la Giralda iluminada y con una luna colgada en su costado mientras pasa El Silencio, la alegría de los Gitanos, la larguísima fila de nazarenos de negro riguroso que allanan el suelo con su cera para que el Señor de Sevilla llegue hasta la misma muralla árabe.

Venga, le dijo alguien, póngase aquí para verlo. Muy lejos, donde casi comienza la curva. Y primero será una avalancha de flases contra la pared de la catedral y luego, andando con el paso de aquel que está a punto de caerse, ver avanzar al Gran Poder como si andara sobre las cabezas. Levitando sobre ellas, en un suelo propio de aire.

El viajero ya no encuentra palabras ante todo lo que ocurre. El silencio que duele en las sienes, sin música, y sólo, cuando ya está muy cerca, el rasguear de las zapatillas de los costaleros sobre la piedra y aquella inmensa figura que no puede con su cruz, su cara perdida, ausente, como si ya no viera y sólo siguiera andando en una chicotá inmensa.

De verdad que anda, se dice el viajero. El milagro consumado de un barroco que aún engaña a aquellos que ya han visto Matrix y viven en Internet. Una figura de madera reconvertida y una angustia muy honda en el pecho, limpia como un paño blanco que se agranda mientras Él se acerca y pasa a su lado. El Señor de Sevilla que una vez al año toma posesión de sus calles para recordar el poder de su presencia.

 

Quisiera el viajero que el tiempo se congelara pero no es posible; no se podría aguantar todo su peso más que unos pocos segundos que se siguen recreando en la memoria mientras toma algo para reponerse y se pierde en el laberinto de calles hasta buscar una esquina en la calle Cuna.

Para entonces ya llevan mucho tiempo pasando los nazarenos de la Macarena, y entre ellos, entremezclados, costaleros que salieron de su turno que se colocan a su lado, esperando a la Virgen.. Ella es la más guapa, la más elegante de una ciudad cuyo pecado capital es la vanidad. Pero Ella supera todo y cuando se acerca el viajero, que ya comprende tanto, le parece imposible que un palio pueda llevarse con esa belleza de algodones dorados. Las bambalinas se mueven como si estuvieran medidas, ni un centímetro más, y toda la candelería de cirios ilumina su cara de niña, sacan luces de su largo manto de un verde puro y terciopelo.

Llega. Con su luz propia y una marcha triunfal tras de ella, girando una curva inacabable que sostiene en vilo las miradas, las imanta con sus ojos tristes, sus manos finas y delicadas. Cómo puede ser entonces la vida tan maravillosa. Cómo pueden existir angustias si en una calle estrecha la belleza de una simple mascarilla que tal vez hiciera una mujer, la famosa Roldada, rompe el aire y un grito salido desde las mismas entrañas llena el espacio en donde ya no cabe nadie

¡¡¡Macarena!!!!

Pues no hay ningún contrasentido; todo encaja. Tal vez unos días antes el viajero se hubiera tomado aquello como una broma, algo fuera de lugar. Y en vez de eso, él también devuelve el grito, junto a todo el gentío.

¡¡¡¡Guapa, guapa y guapa!!!

 

Ya por entonces, traicionera, la noche se acaba y el cielo se va volviendo claro por el este. Es necesario darse prisa. Buscar entre el gentío un hueco y andar con paso largo para cruzar la carrera oficial. Pero la calle está repleta y el viajero tiene que parar, pues delante suyo pasa Las Tres Caídas. Es un encuentro no previsto que al principio le enoja pero muy pronto sabrá que el destino le tenía preparado aquel estorbo para que viera como un paso de casi una tonelada se mueve como las plumas que adornan a los romanos. Increíblemente, el largísimo trono pasa delante suyo balanceándose en su mar imaginario. Pasa, pasa y pasa, muy despacio, sin avanzar apenas, siguiendo el toque de una corneta huérfana que le guía entre la multitud. Una simple corneta que mueve miles de kilos al fluir de sus notas rotas que de pronto se paran, un pequeño suspiro y el trono comienza a moverse acunado hacia delante y atrás. Avanza unos pasos para luego volver hacia atrás, como si fuera una máquina guiada a distancia. Avanza y dos pasos atrás, balancearse y parecer que vuelve a arrancar mientras la multitud aplaude el arte que puede ser un simple movimiento. Arte en estado puro, flamenco con los pies y el sabor agrio de la corneta que dirige el mundo entero y no le deja pasar más allá de su mirada.

Atrás, hacia delante pero no, todavía no, un poco más, por favor. El viajero quiere seguir sintiendo en su pecho ese movimiento que le rige la respiración. La dulce cuna que se mueve con mano de madre. Pues sólo es una tonelada lo que se mece. Mil kilos parados en el viento del amanecer. Y así una y otra vez, amenazando un arranque definitivo para luego volverse atrás, caer a un lado, moverse sobre los pies y al final, con un paso tan largo que parece imposible que quepa dentro del paso, salir triunfante ante el delirio de los que han visto algo que aunque se repita, nunca volverá a sucederse igual, y años después aún se recordará en los bares. Pues yo estuve allí, viéndolo todo con el corazón perdido por un simple movimiento ¿Cómo explicárselo a aquello que nunca lo vieron? ¿Cómo decirles que el paso era yo y no recuerdo el suelo que tocaban mis pies?

 

Y ahora correr. Salir con el corazón aún amasado por la sensación para llegar hasta el Baratillo, junto a la plaza de la Maestranza. Allí está todo lleno. Cientos de personas llevan horas esperando, pero sus esfuerzos de toda la Semana se ven recompensados y un simple hueco, junto a la puerta de la capilla, está esperándole.

Allí ya amanecerá por completo, y volverá a ver a las Tres Caídas jugando con la gravedad como si fuera un juego liviano. Su corazón volverá a llenarse de espuma ante una levantada a pulso que hace elevarse las figuras como si no lo hicieran.

Luego volverá a pasar el tiempo, cientos de penitentes, conversaciones con unos y con otros que ofrecen un trago de agua, un caramelo, la memoria de otros años, cuando estuvieron allí y la contemplaron.

Así pasa la hora larga, o quizás más o menos, qué más da. Ya se escucha la banda. Mira, allí. La Esperanza de Triana entra en la plaza alargada a los sones de Esperanza coronada, con un andar que sólo es suyo, que no debe nada a nadie. Así avanza y el viajero intenta comparar pero no puede. No sabe por qué, pero su estómago se ha encogido, pues las emociones son traidoras y nada respetan. Pues acaso no será la más bella, la más elegante pero sus varales se mueven con la alegría más perfecta que cabe. Y no marchan al ritmo de la música, son ellos mismos los que la producen, y la banda simplemente le sigue.

Ella se para junto a la Capilla. Murmullos. El viajero puede ver su palio totalmente dorado por el sol naciente. Oro y sombras que se proyectan sobre su rostro mientras el capataz da el tercer golpe de martillo y la levantá hace saltar una cascada de pétalos de rosa que se acumulan sobre el palio. Llueven flores y comienza la música. Caridad del Baratillo. El palio de la Virgen comienza entonces a girarse en sentido a la capilla y allí, entre cientos de personas, de pronto, imposible pero cierto, el viajero comprende todo y ve a la señora de Triana cómo se gira, acaso sonríe y le mira solo a él con la mirada más tierna que se pueda entender.

Incomprensible pero cierto. Sólo un instante pero cuánto tiempo. La emoción le sube por el pecho, se le engancha en la garganta y, cuando todo sucede, una primera lágrima, un llanto que limpia las cosas por dentro se desborda desde sus ojos sin poder evitarlo, con la piel de gallina y recorrido todo su cuerpo por una energía sin miedo. El viajero no cree, pero ahora siente que algún podría hacerlo. Sólo por esa mirada, por la lluvia de pétalos, el olor a vela e incienso. Sólo esa música que le arranca el pasado más terrible, todos los sufrimientos, el sonido de las bambalinas, todos los que se encuentran a su lado y también son tocados por la gracia, retrocediendo casi trescientos años, a un mundo barroco que nunca morirá mientras exista Sevilla y su Semana de milagros, aquella en la que las figuras toman movimiento y tocan con sus miradas lo más profundo que tenemos.

Vicente Camarasa

Si queréis saber más de la Semana Santa de Sevilla os recomiendo:

http://www.caiman.de/semanaes.html

http://www.galeon.com/juliodominguez/sss1.htm

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01/07/2008 19:23. sdelbiombo #. Semana Santa Hay 2 comentarios.

CUANDO EL BARROCO REGRESA (Primera Parte).

Pocas veces una ciudad tiene el privilegio de, una vez al año, regresar al Barroco como si no hubieran pasado 300 años. Sólo Sevilla cada nueva Semana Santa lo consigue, y con ella todos los que se esfuercen en materializar el milagro, aboliendo el tiempo y sus erosiones.

Pero no es fácil la cosa; no puede todo el mundo conseguirlo. Se necesitan muchas horas y un intenso poder de los sentidos. Si alguien quiere seguir el camino, está es su dirección.

El turista llegará a la ciudad y, acaso, unos días antes ya comience a sentir que el aire es diferente bajo el aroma de los naranjos. Verá iglesias que arreglan apresuradamente sus pasos, extrañas ceremonias al caer la noche, con reuniones de cofradías, discursos y tiendas de venta de trajes nazareno con largas colas.

Sin embargo todo esto sólo son los preparativos, el ensayo general para el gran estreno del Domingo de Ramos, cuando los templos abran sus puertas y aparezcan todas las imágenes engalanadas. La mayoría serán pura mentira, esculturas sin cuerpo, sólo con brazos y caras, como corresponde al Barroco. Pero las telas y las flores, un olivo natural y los altos tronos engañados al ojo por medio del pan de oro se llenarán de flases, arropados por una multitud vestida de fiesta grande.

El viajero, entonces, puede comenzar el camino o perderse para siempre. Quizás crea que vista una procesión, vistas todas. Pero otros no, querrán saber algo más de todo aquel maravilloso teatro y, pese a los apretujones, aguantará una, dos, tres, hasta seis procesiones ese mismo día.

 

Descubrirá entonces una pequeña parte del secreto, y sus ojos irán viendo ya no sólo las tallas, y se llenarán de mil minúsculos detalles. Verá la suavidad del terciopelo de las capas, el gesto de una mano, la lágrima de cristal sobre el rostro de una Virgen. Si insiste y aguanta el dolor de pies y el cansancio, pronto el mundo se irá llenando de sonidos. Y primero escuchará los tambores y las cornetas, pero luego serán los mismos pasos de los costaleros bajo las imágenes. Escuchará a la multitud y sus repentinos silencios para escuchar a un capataz dar las órdenes precisas. Y entonces, como un milagro, oirá las bambalinas de los palios de las vírgenes que repiten la melodía, moviéndose suavemente sobre los pies.

 

Pero la aventura aún no habrá hecho sino empezar. Muy pronto un vértigo en el estómago le hará sentir que se encuentra en el lugar correcto. Una esquina maravillosa, junto a la Giralda o sobre el Puente de Triana, al fin comenzará a sentir lo que los hombres pudieron hacerlo hace tres siglos. No habrá palabras para explicarlo, sólo un pellizco en el alma cuando el palio de una Virgen avanza bajo la luna llena y el hombre que se encuentra a su lado comienza a llorar muy suavemente, como si el alma no le diera ya para tantas emociones.

 

Él, muy probablemente, no podrá hacerlo. Todavía no, pero lo comprenderá casi todo. Sabrá que ya no es un espectador de esta feria de oro, cera e incienso. Ha conseguido pasar el umbral de los tiempos y se ha convertido, también él, en un actor del Gran Teatro de la Pasión en donde las imágenes dejaron de ser madera para convertirse en toda una fabulosa maquinaria de prodigios.

            Y sabrá entonces que nada era superfluo y todos los sentidos andan saturados, tensos como cuerdas de violín a punto de romperse. Olerá el azahar, el incienso y la cera derretida mientras aplaude una levantá o el silencio de una plaza llena hasta los topes es tan intenso que casi le impide respirar. Pues estará en el camino de saber las cosas sin necesidad de razonarlas, sólo sintiéndolas con un calambre de escalofrío ante la voz desgarrada de una saeta, el dulce mecerse de los palios de la Virgen. Como metido en un cuadro de Caravaggio, las noches le irán penetrando y mientras pasan, una procesión tras otra, mientras la luna va creciendo en el cielo.

 

Y entonces sí. Podrá hacerlo. Cuando el Jueves Santo termine y comience la Madrugá, podrá sentir el barroco como aire de respirar. Verá al Gran Poder, a la Macarena o la Esperanza de Triana llegando al Baratillo con la primera luz del día…

Pero esto será para otro día, cuando ese viajero consiga encontrar todas las palabras necesarias para poder contar cómo un simple artificio puede ser más verdad que todos nuestros efectos especiales (continuará)

 

Vicente Camarasa

 

 

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25/06/2008 21:29. sdelbiombo #. Semana Santa Hay 6 comentarios.


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