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LA PLAZA MAYOR DE MADRID, EL GRAN ESCENARIO PÚBLICO DE LA CORTE BARROCA

 

Tomado de http://spsumadrid08.blogspot.com/2008/07/la-plaza-mayor-sangre-y-teatro.html

 

A finales del siglo XVI, el lugar que ocuparía esta plaza Mayor de Madrid aún era un pequeño lago estacional en donde los monarcas practicaban la caza sobre los patos incautos. Junto a ella, y ya desde los tiempos de los Reyes Católicos, se comenzaban a colocar pequeños tenderetes en donde se vendía comida. Un lugar casi siempre embarrado que Gómez de Mora (arquitecto oficial de Felipe III) reconvirtió en unos de los lugares centrales de la nueva capitalidad iniciada en tiempos de Felipe II.

Para ello utilizó un modelo que ya se había probado en Valladolid y que, en el fondo, respondía al modelo de foro romano de plaza porticada (según Chueca Goitia).

 


Se creaba así un espacio típicamente barroco que jugaba con las percepciones del espectador, que siempre entrará en ella desde una telaraña de calles estrechas y sinuosas, desembocando en su gran espacio abierto en una especie de choque visual que le dejaba un tanto aturdido, pequeño ante el poder reflejado en ella.

 

 

 

Plano Texeira. Siglo XVII

 


 

Para realizarla debió, ante de construir nada, allanar la zona, creando una especie de contrafuerte  en su lado oeste que originaría los famosos rascacielos del Madrid medieval en la calle de los mesones.

 

 

Organizado el espacio, la plaza se realizó algo distinta que como la vemos hoy (fruto de un incendio y una posterior reconstrucción de Villanueva en el siglo XVIII). Se trataba de cuatro edificios sin conexión que daban salida a las distintas calles que la rodeaban.

Los edificios aún recordaban la estética del Escorial, pues no en vano Gómez de Mora era sobrino de José de Mora, colaboradores de Herrera en el Escorial. Todo esto es visible en sus muros sin apenas decoración, organizado por pilastras (pilares adosados al muro) que se convierten en pilares para realizar los soportales. El muro tiene vanos (ventanas) abiertos regularmente, que sólo se adornan con frontones en los edificios principales.

En cuanto a los remates superiores, la influencia escurialense era evidente: tejados de pizarra inclinados (que había traído Felipe II desde los Países Bajos) y chapiteles de múltiples planos en las esquinas. Todo rigurosamente geométrico, sin la curva ni el adorno que será típico del barroco evolucionado que, a España, no llegará hasta el final del siglo XVII.

 

 

Lo que sí resultaba plenamente barroco eran las funciones que tenía esta plaza. Mercado durante la mañana, lugar de compra obligatoria del pan y el la carne controladas desde la Corona en sus dos principales fachadas, espacio público de paseo y encuentro que se transformaba, en días especiales, en un verdadero teatro al servicio del los poderes civiles y religiosos.

 

 

Tomado de http://www.ierasmus.com/madrid/?p=1571

 

Como ya decíamos en un post anterior, el convertir la ciudad en un teatro fue algo típico del Barroco. En una sociedad estamental, católica hasta el extremo y dominada totalmente por las apariencias, el hombre barroco se encuentra viviendo como si fuera un personaje teatral. Desde el rey (con su famoso protocolo para comer o, incluso, para mantener relaciones íntima con la reina) hasta el pueblo, pasando por nobles y religiosos, cada uno tenía su papel asignado en el Gran Teatro del Mundo (como se denominaba la obra de Calderón de la Barca). La forma de vestirse, los gestos, las palabras… todo estaba rigurosamente controlado por las costumbres de la época, y ya se encargaba la justicia civil, la Inquisición o la simple presión social de evitar que nadie se saliera de su papel asignado por el propio Dios.

El momento en que todo esto se veía perfectamente era durante la fiesta barroca en donde importaba tanto el espectáculo ofrecido como los asistentes a él, que se mostraban al resto y dejaban claramente establecido su status social.

Para ello nada mejor que este gran teatro urbano que fue la plaza Mayor en donde se celebraron los ajusticiamientos reales, las corridas de toros, los juegos de cañas, los Autos de Fe de la Inquisición o las canonizaciones de los nuevos santos (como San Isidro, Santa Teresa o San Juan de la Cruz).

 

Fijaros en esta escena pintada por Rizzi en el siglo XVII.

 

 

Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Plaza_Mayor_de_Madrid

 

Se trata de un Auto de Fe en donde se leen públicamente las sentencias de los condenados por la Inquisición que se encuentran en un estrado, vestidos con sus curiosos sambenitos. Rodeándolos se encontraban los miembros del Santo Oficio, el rey en la ventana de la Casa de la Panadería (aún hoy adornada con el escudo real). Alrededor se colocaba el público que, según sus posibilidades económicas, alquilaba balcones, se subían a la azotea u observaban el largo juicio desde los laterales de la calle. (si quieres saber más de la Inquisición algunos alumnos de 4º escribieron hace unos meses un artículo sobre ella)

 

Otros espectáculos habituales eran las corridas de toros, también presididas por el rey. En ella los nobles, montados en sus caballos, rejoneaban a las reses en una suerte de autopublicidad y valentía, mientras un grupo de lanceros protegía la Casa de la Panadería para evitar que (como ya ocurrió una vez) el toro no entrase por las escaleras que llevaban a los aposentos regios

 

 

 

En ocasiones especiales, los muros de la plaza se adornaban de reposteros, banderolas e, incluso, pinturas al fresco, como aún recuerdan unos nuevos (hechos por el pintor Carlos Franco), en la Casa de la Panadería.

 

 

 

Como podéis ver todo es un gran escenario, un lugar en donde representar el poder (unido) de rey y religión en donde el pueblo encuentra la carnaza que hoy les dan los reality show y les permite seguir creyendo en su Dios y en su Rey pese a la crisis económica y el lento derrumbe del Imperio. Qué más propaganda se le puede pedir al barroco.

 

UNA FOTOGALERÍA ENLAZADA DE GÓMEZ DE MORA Y LA ARQUITECTURA DE LA PRIMERA MITAD DEL XVII

 

 Vicente Camarasa

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