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LA REVOLUCIÓN ROMÁNTICA, LA PREHISTORIA DE NUESTRA MIRADA (PRIMERA PARTE)

 

 

Viajero sobre un mar de nubes. Friedrich.

Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Romanticismo

 

Por mucho que queramos, nunca veremos nada por primera vez, pues ya lo habremos visto en una revista, un powerpoint enviado a nuestro correo, una televisión o nos lo habrán contado. Pero eso no es lo importante, sino que, cuando sintamos por primera ver un sentimiento, cuando nos emocionemos con un paisaje, con una nueva ciudad, con una novela o una película, tampoco será exclusivamente nuestra esta emoción, pues mucha parte de ella estará derivada de nuestras lecturas, viajes y experiencias anteriores. No somos una página en blanco, somos una larga historia en la que escribimos junto a nuestros amigos, padres, medios de comunicación y, sobre todo, por el IMAGINARIO COLECTIVO que ya existía antes de que nosotros naciéramos.

Este imaginario no es otra cosa que la memoria (casi inconsciente) que nuestro pasado nos ha transmitido desde los cuentos infantiles a las ideas hechas que circulan en las conversaciones, los programas de televisión.

 

Esta situación de saber que vivimos mucho más la idea de otros que la nuestra propia es una de las claves de la posmodernidad. Hemos perdido ya la inocencia de creernos los únicos, los primeros y, como ya decía la Biblia, “No hay nada nuevo bajo el sol”.

La construcción de este imaginario colectivo se produce desde múltiples fuentes (por ejemplo, nosotros ya no seremos nunca más capaces de ver un rascacielos sin pensar en un avión incrustándose en él, ¿no es cierto?, o de relacionar numerosos momentos de nuestra vida con películas o incluso con anuncios).

Sin embargo, a efectos prácticos, lo fundamental de él se encuentra en dos grandes revoluciones culturales (que van unidas entre sí): el romanticismo y su sucesor, el surrealismo.


 Libertad guiando al pueblo. Delacroix

Tomada de wikimedia.org

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Si nos centramos en el primero nos sorprenderíamos de ver la cantidad de cosas que perviven de los románticos. Fijaros en algunas.

Cuando pensamos en un héroe, ¿cómo lo imaginamos, como Indiana Jones? Un ser capaz de vivir por un ideal, que lucha (y arriesga la vida) por una estatuilla de una civilización perdida que luego regalará a un museo. Eso ya lo habían imaginado los griegos y reconstruido los románticos. ¿Qué si no son los Tres Mosqueteros de Dumas que vivirán mil aventuras para recuperar una joya que evitará la ruina del imperio francés?; ¿o el pirata de Espronceda, cuyo barco hacía del mar su patria desafiando al destino en búsqueda de la libertad, sabiéndose marginado y olvidado por todos?

La voluntad, eso es lo que le caracteriza al héroe, capaz de hacerle enfrentarse al mundo. La genialidad de ser único y saber anteponerse a las circunstancias más adversas, como un jugador de fútbol que confía en él mismo, regatea al equipo contrario y marca un gol en el último minuto. Es el vicario (el que habla y actúa por la comunidad) para sobreponerse al destino, como Guillermo Tell (que arriesga a su propio hijo para vencer) o, aún mejor, Robin Hood, los dos héroes reconstruidos en el romanticismo y que todavía viven con los nombres de Benji y Oliver. Harry Potter sería el aprendiz de héroe que debe imponerse al destino ya fijado, el que no se conforma y lidera la voluntad de los demás para cambiar el mundo (¿no se parece esto demasiado al “podemos” de Obama?) Y más aún; quizá quede en nosotros algún resquicio de esa rebeldía de Larra al querer cambiar el mundo… “una ingenuidad”, pensaron muchos, el querer cambiar el curso de la historia con un puñado de papeles de periódico. Pero esa crítica ferviente permanece en las páginas de nuestros diarios. Aún queremos cambiar el mundo, y aún existen personas que toman la pluma, el ordenador, o la propia voz para hacerlo. Seguimos teniendo algo del “Fígaro” que se fue con nuestro famoso articulista. 


 

Gericault. La balsa de la Medusa

Tomado de wikimedia.org

 

Y el amor, ¿cómo pensamos en el amor? Los griegos lo despreciaban por ser un sentimiento que nos aleja de nosotros mismos y nos lleva a la locura, pero fueron los románticos los que le devolvieron su magia y lo hicieron centro y sentido de la propia existencia; era el amor lo que les hacía sentirse realmente vivos. El héroe romántico es un enamorado eterno, ya sea en su versión más nostálgica y llena de lamentos de las Rimas de Bécquer (qué bello es sufrir por desamor), ya como el eterno luchador de los folletines decimonónicos que aspira a una mujer casi inalcanzable y realiza planes descabellados para conseguir una sola mirada de ella. Ya lo dijo el mismo Bécquer, cuando su imaginación huía a contemplar el rostro de su amada:

Por una mirada, un mundo;

por una sonrisa, un cielo;

por un beso … yo no sé

qué te diera por un beso.

 

Retrato de Bécquer

Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Becquer

 

¿Quién de nosotros no ha hecho esto alguna vez y se ha sentido solo ante el peligro, rodeado por una sociedad hostil que nos intenta apartar del objeto amado? Pero el amor era, y es muchas veces la salvación del hombre; no importaba la incomprensión, las dificultades: por amor se luchaba y en el amor cobra sentido la existencia del hombre. El propio Larra dio vida al personaje de Macías para que pusiera voz a sus sentimientos proclamando la universalidad del amor:

Ven; a ser dichosa

¿En qué parte del mundo ha de faltarnos

un albergue mi bien? […]

Si en las ciudades no, si entre los hombres

ni fe, ni abrigo, ni esperanza hallamos,

las fieras en los bosques una cueva

cederán al amor ¿Ellas acaso

no aman también? Huyamos […]

 

¿No hemos querido huir alguna vez, romper con todo? Fijémonos en las series que tanto nos gustan y seguro que existe algún Macías incomprendido sufriendo por amor.

Ese llamado flechazo que nosotros aún deseamos en lo más íntimo, la extraña situación en donde sólo una mirada nos cambia de repente la vida y nos hace soñar con imposibles, la reinventaron los románticos y todavía lo podemos seguir leyendo en Bécquer o Byron. Recordemos cómo hace pocos años aquel jovencísimo Alejandro Sanz saltaba a la fama con la famosa estrofa “Si tú me miras” … quizá por un momento él también se dejó seducir por Bécquer y sus sencillos versos repletos de un amor tan intenso como sincero.

 

 

Rocío Romero y Vicente Camarasa

23/01/2009 07:11. sdelbiombo #. Romanticismo

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gravatar.comJV

La primera parte del artículo, realmente muestra una realidad incuestionable, somos nuestra historia, es este un argumento que muchos deberían asumir para entenderse mejor y valorar eso: su historia, sin la cual no somos nada. Pero quizás el excesivo peso del amor en esa historia, haga que no veamos que es realmente la razón la que mueve nuestros actos, aunque ciertamente cuando el peso de los sentidos supera al de la capacidad de discernir el hombre es capaz de lo mejor, pero también de lo peor.

Fecha: 24/01/2009 13:53.


gravatar.comLaura

Me ha encantado el artículo.
Suerte que aún existen personas así, que luchan por sus ideales, por cambiar el mundo, por entregar su corazón y vivir por amor hasta el fin de sus días...
Gracias por poner el cuadro de Friedrich, admiro a ese pintor y adoro esa obra más que a ninguna otra.

Fecha: 25/01/2009 21:13.


gravatar.comCris Xococrispip!

Una vez más,impresionante ,Vicente...El Romanticismo es para mi gusto,una de las mejores épocas del arte y la cultura en general...Esa pasión con la q viven su vida los protagonistas de la literatura romántica("no romanticona",una de tus frases en arte que jamás olvidaré y q algun vez te he robado ya...)y esos cuadros tan llenos de fuerza de este periodo...
Una artículo impresionante!!!

Fecha: 30/01/2009 00:34.


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