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sdelbiombo. Una mirada artística al mundo

GOYA EL PRIMER ARTISTA MODERNO I. CÓMO MIRAR LO INNOMBRABLE. LA NUEVA IMAGEN DE LA GUERRA

AVISO. ALGUNAS IMÁGENES PUEDEN HERIR LA SENSIBILIDAD DEL LECTOR 

Queremos irle dedicando a Goya una serie de artículos que nos vayan descubriendo la figura de Goya más allá de sus puras obras. Se tratará, por el contrario, de ir analizando la nueva capacidad de mirar (de enseñarlo a hacerlo) con el que el artista aragonés inaugura la modernidad.

Es, por tanto, un recorrido temático que, tomándolo como punto de referencia, nos sirva para darnos cuenta cómo ha cambiado nuestra percepción de la guerra, el cuerpo humano o el propio hombre.

Su arte será una excusa (el arte siempre lo es) para ver nuestro pasado y, sobre todo, comprendernos a nosotros mismos.

 

El primer tema que he elegido es el de la guerra. Su forma de sentirla. Para que podáis ver cuánto cambió Goya su iconografía podemos empezar por un ejemplo clásico:

Tanto en Italia, Flandes o España abundó el género de batallas (con gran consideración), y hubo numerosos pintores que se especializaron en él. En él se intentaba glorificar uno de los pilares ideológicos del sistema: el ejército y su capacidad de lucha y sacrificio, siguiendo las ideas que había desarrollado Ucello en el Renacimiento

 

LA BATALLA DE ORAN-AÑO 1698-LIENZO 145X205 CM Obra de PALOMINO Y VELASCO ANTONIO 1655/1726

MADRID BANCO CENTRAL-HISPANO

 

Ya Velázquez realiza la primera reconversión del tema en sus famosas Las lanzas. Como ya sabéis el cuadro fue encargado por Felipe IV para adornar su salón de reinos en donde se recogían todas las batalla ganadas en su primera parte del reinado. Velázquez en concreto, además de dirigir todo el conjunto, realizó la toma de Breda. En ella apenas se desarrolla la guerra (sólo en los planos más lejanos) y todo el cuadro habla de la generosidad del vencedor. Su doble valor como victorioso y, a la vez, honorable, que no deja a Nasau arrodillarse para entregarle las llaves de la ciudad. Su mano puesta en el hombro es el gran rango de la victoria: no humillar al enemigo.

 

 

Frente a todo esto, fijaros en Goya y sus famosísimos fusilamientos. La violencia que tan lejana (visual y emocionalmente) quedaba en los cuadros anteriores, nos la ha llevado al primer plano. No tenemos otro remedio que mirar. Ya no queda paisaje, anécdotas, ni siquiera la compasión y honor de Velázquez. Goya se ha esforzado en obligarnos a enfrentarnos con el horror de la muerte, la que ya ha sucedido, la que está a punto de ocurrir. El ejército contrario se ha convertido en una pura máquina de matar y el pintor sólo le concede espacio y expresión a las víctimas.

 

 

Esta elección no la olvidarán los autores modernos y tanto Delacroix en su matanza de Squíos, como Picasso en su Guernica, renunciarán a lo anecdótico para centrarse en una idea de la guerra como sufrimiento, no como valentía o patriotismo, que ya será una constante en la imagen de la guerra en el XX.

 

Matanza de Squíos (Grecia). Delacroix

 

Picasso. Dertalle del Guernica

 

Con la llegada de la fotografía de guerra (y con un gran momento culminante en la Guerra de Vietnam) seguirá utilizándose esta línea de denuncia, poniendo la mirada en las víctimas, como en la ya famosa imagen en donde unos vietnamitas corren y, en el centro, una niña desnuda y totalmente abrasada por los efectos del napalm, refleja todo el dolor de los inocentes.

 

 

Sin embargo, la posición de Goya frente a la guerra aún es más explícita si revisamos sus Grabados. El título es ya de por sí elocuente: Los desastres de la Guerra, toda una enorme y alargada pesadilla en donde la violencia (frente a los ideales) se hace dueña de la imagen. Un Violencia ciega y, lo que es más importante, sin bandos. Vemos así las atrocidades de ambos bandos, que en el fondo se desintegran en un clima de horror en donde el ser humano saca lo peor de sí mismo.

Es, en el fondo, la imagen pesimista que tenía Goya sobre el hombre. Aquel hombre educado y cortés que, una vez rotos los nudos creados por la civilización, se convierte en un verdadero monstruo. ¿Dónde quedó la cortesía de Velázquez? En realidad no existe y miles de fotografía de guerra nos lo demuestran. Los más elevados motivos con los que suele justificarse el conflicto se olvidan en medio de conflicto y todo vale o, acaso (y esto sería verdaderamente terrible) la ocasión es perfecta para que el hombre pueda por fin sacar todos sus odios y miedos acumulados.

Compara estas dos imágenes (la primera de los Desastres) y la segunda, dos siglos después, ¿Qué han cambiado además de los vestidos)

 

 

La foto es de Eddie Adams y ganó el premio Pulitzer.

 

Lo que queda tras ella no es el triunfo, como era habitual en la pintura barroca. El militar recibido por el rey en olor de multitudes. No. Desde Goya y hasta hoy en nuestra memoria visual quedará la tragedia, la muerte masiva, los sufrimientos. En eso se convertirá todo. Usando una frase del propio Goya en los desastres: Murió la Verdad

 

 

 

En los últimos años, el progresivo control de las naciones participantes en la difusión de la imagen ha intentado esconder todo este horror, filtrando fotografías y videos, pero sólo hace falta que recordéis esta imagen para ver que Goya, lamentablemente, tenía razón. Se tratan de las famosas torturas que los norteamericanos realizaron  (¿realizan aún?) en la guerra de Irak, en su famosa cárcel de Abu Graib

 

 

 

Goya ya había hablado de esto en los Desastres

 

 

Había comprendido que la guerra es el peor escenario de lo posible. El lugar de la bestialidad que en nuestra vida cotidiana reprimimos. ¿Qué hay más brutal y paradójico que matar a alguien en tiempo de paz sea asesinato y en tiempos de guerra, un deber? Los humanos, a veces somos tan racionales, que sabemos, incluso, justificar lo más irracional.

Fue tan lejos que algunas imágenes suyas no tienen parangón con las que filtran los medios de comunicación. ¿Os imagináis fotografías de esto?

 

 

 

 

Ningún periódico posiblemente las publicaría, y no sólo por un posible respeto a la intimidad a las víctimas, sino porque es políticamente incorrecto, una idea que se inició en EE UU y que, bajo la excusa de evitar ofender la sensibilidad, nos obligan a una autocensura.

Frente a todo esto, algunos artistas han apostado por recurrir a imágenes sumamente agresivas en lo visual o moral, es el llamado abyect art.

 

 

(Mc Carty)

 

(Hermanos Chapman. Sobre los desastres de guerra).

 

Golub

 

Wikipedia

 

Golub

 

Frente a ellos nos queda una pregunta: ¿provocar al espectador para hacerle consciente de la violencia o como simple forma de publicidad basada en nuestra propia morbosidad?

Y es que en la posmodernidad hemos llegado a comprender el carácter polisémico de la imagen, sus múltiples interpretaciones y utilizaciones que nos tienen que hacer pensar en la moralidad de la imagen y del arte. ¿Vale todo? ¿Vale en función de tener un buen fin?

O al revés, ¿debemos esconder lo que retrata nuestro lado más oscuro?

Goya lo tuvo claro y apostó por no autocensurarse, pero ¿deberíamos seguir su ejemplo en la actualidad?

Espero vuestras opiniones.

 

GOYA BÁSICO

 

 Vicente Camarasa

 

EL ORIGEN DE MADRID: EL MAYRIT ISLÁMICO

 

Madrid en el XIV, ya cristiano pero con la muralla del alcázar  islámico.

Vista desde el Manzanares (actual M-30)


 

Según cuenta Ibn Hayyan (famoso historiador andalusí):

Durante su reinado (Mohamed I, hijo de Abderramán II) se deben hermosas obras, muchas gestas, grandes triunfos y total cuidado por el bienestar de los musulmanes, preocupándose por sus fronteras, guardando sus brechas, consolidando sus lugares extremos y atendiendo a sus necesidades. El fue quién ordenó construir el hisn (castillo) de Talamanca, y el hisn de Maytir y el de Peñafora. Con frecuencia recababa noticias de las marcas y atendía a lo que en ellas ocurría, enviando personas de su confianza para comprobar que se hallaban bien”

 

Los orígenes de Mayrit fueron, por tanto, bien modestos. Un simple Castillo (9) que formaba parte de una larga red defensiva que protegía los pasos del sistema central (junto a Alcalá, Talamanca, Medinaceli, Atienza…). Junto a él existía otro lugar también protegido o albacar, en donde se mantenían las caballerías y posiblemente se cultivara para evitar el hambre en los asedios (10)

 

 

Junto a este castillo, muy cerca del Palacio Real (9), pronto se creó una pequeña ciudad o medida, luego amurallada. Restos de esta muralla árabe se encuentran junto a los pies de la Almudena (1). En esta zona habría dedicado un pequeño espacio a la población judía, que tras la conquista cristiana pasaría a Lavapiés o la Morería.

 

Muralla árabe de Madrid

 

Algunos historiadores hablan de una supuesta segunda muralla árabe que englobaría a los arrabales de la Puerta de Guadalajara o San Nicolás, que ampliaría la ciudad, siempre pequeña, con muchos soldados y un puñado de agricultores, que sin embargo tuvo, al menos dos mezquitas. Una principal o de viernes (luego iglesia, Santa María, que fue finalmente derribada, muy cerca del cruce de Mayor y Bailén, 2, en torno a la cual se colocaría el zoco) y la de San Nicolas , más tarde reedificada sobre cimientos islámicos (3). Se especula con otra que sería la actual de Santiago.

Su referencia espacial era el arroyo Matrice (8) (actual calle Segovia que tenéis magníficamente dibujado en San Pedro). A su lado contrario (actual plaza de la plaza) se encontraba una escasa población mozárabe (cristianos dentro del Islam), con una pequeña ermita (actualmente San Isidro) y un cementerio musulmán

 

Sin embargo lo más interesante del Mayrit islámico fue un curioso sistema de abastecimiento de agua que, en la actual sólo persiste en Teherán y Marraquest. Fueron llamados canats (de origen mesopotámico) y en Madrid, viajes de agua: largos tramos subterráneos que llevaban el agua de manantiales periféricos hasta el centro de la medina

Para localizar el agua subterránea se recurría a un muqanni (ingeniero de conductos subterráneos) que observaba el terreno, normalmente junto a arroyos secos en verano (Calero, Abroñigal, actual M-30) o aprovechando la infiltración del agua de la lluvia. Una vez encontrado se excavaban pozos unidos con minas.

Los canats, de un metro de ancho y 1.80 de alto, se revestían de ladrillo rematados en forma de lomo de caballo o arco de medio punto en su interior, y de hasta 55 metros de profundidad. El agua se movía por caños de barro cocido sin vidriar engarzados por cemento y sebo de buey o aceite en las junturas interiores para endurecerlos (o directamente sobre un lecho de piedras de río), con andenes laterales para que pudieran andar los poceros

De una forma regular se realizaban pozos de aireación en donde había cigüeñales de origen egipcio que era un largo brazo de palanca apoyado en un palo vertical horquillado, con un cubo en el extremo y libre para su manejo el opuesto. Solían cubrirse con una losa de piedra con orificio.

 

 

Cada cien pasos existían una serie de depósitos subterráneos llamados arcas donde el agua reposaba para volverse cristalina, y otros denominados cambijas, para desviar el agua en ángulo recto de los que partían canillas o viajes secundarios.

 



El arca principal se encuentra aún hoy conservado. En la plaza cerrada, en una de las salidas de la Plaza Mayor, se encuentra un extraño cubo al que se colocó una cruz encima: éste era el arca, aun en funcionamiento. (5)

 

Existieron muchos canats, aunque el más largo de ellos arrancaba desde las fuentes de Canillejas (junto a la Junta de distrito) y, bajando por el subsuelo de la calle de Alcalá, pasaba Ventas, Goya y se encaminaba al arca de la Puerta Cerrada.

 

Y si todo esto os parece casi imposible de imaginar, intentad pensar cómo era el paisaje del momento.

La Plaza mayor (6) o la de Ópera (7) ya eran campo y estaban cubierta por lagunas estacionales en donde los primeros reyes cristianos de Madrid iban a cazar aves. El centro de Madrid estaba lleno de huertas regadas por los canats.

En la plaza de la Paja o en Atocha u Ópera había olivos y campos de trigo, y junto al actual viaducto se hacían unas magníficas cerámicas y estaban las tenerías (curtido de pieles) (3) que más tarde se trasladaron al Rastro. En torno a esta calle Segovia existirían varios baños árabes o hamman (4)

En la actualidad se ha rehabilitado un hamman (moderno) en la calle Atocha. Si alguna vez se realiza este recorrido, como veis más imaginario que real, sería el lugar perfecto para terminarlo. El aroma del agua perfumada, el ruido de sus caños, sus distintas temperaturas y, luego, una comida islámica y un té nos podrían terminar por sentirnos como aquellos madrileños de hace más de diez siglos. Mil años en una ciudad siempre asombrosa. Podéis saber algo más de él

http://www.medinamayrit.com/site/medina/video/en  

 

 

Entre sus personajes más famosos se encuentra el matemático Maslama de Mayrit, del que ya hablamos aquí

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LECTURAS INTERESANTES

 

Testimonios del Madrid medieval. El Madrid Musulmán

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Vicente Camarasa

 

Si queréis saber más de este periodo podéis consultar

http://elmadridmedieval.jmcastellanos.com 

 

 

NUEVAS FOTOS

He cambiado de flick y he intentado mejorar un poco el blog. Como me habéis dicho no se veían algunas fotos. Las he vuelto a incluir en

KANDINSKY (algunos de vuestros trabajos) en ARTE CONTEMPORÁNEO/JULIO

JAVIER PÉREZ en ARTE CONTEMPORÁNEO/JUNIO

CHEMA MADOZ en FOTOGRAFÍA/JUNIO

Si siguen sin verse por favor, ponerme un mensaje. Si hay otros artículos que arreglar comentádmelo

LA HISPANIA FENICIA Y CARTAGINESA. Muchas leyendas y pocos monumentos

 

Ajuar de la necrópolis de Sidón

 

Biblos (la ciudad que dio nombre a los libros; biblioteca), Sidón o Tiro. Dioses como Melkart del que saldría el Hércules griego, Astarte o Tanit, diosa de la vida y de la muerte que exigiría en su honor molk o sacrificios de niños. Un pueblo comerciante; traficante de culturas y usurero al mismo tiempo. Aquel que inventó la escritura moderna y concretó el alfabeto y del que apenas, sin embargo, conservamos textos. El creador de Cartago que, mucho tiempo después de haber desaparecido Fenicia, quiso medirse con los romanos y, guiado por Aníbal, llevó su ejército de elefantes, atravesando los propios Alpes…

Todo lo que rodea a los Fenicios está envuelto en la bruma. Los conocemos a través de los textos griegos y bíblicos, con escasos restos materiales. Sabemos que su territorio original se encontraba en el actual Líbano. Organizados en polis independientes y con la sola riqueza de los cedros del Líbano, muy pronto buscaron en la navegación y el comercio su único futuro. Tan bien lo hicieron que sus colonias se extendieron más allá de las Columnas de Hércules (estrecho de Gibraltar) y llegaron (quizás) a rodear África por el sur, conectar con el estaño de las islas Casitérides (¿Islas Británicas?) y hay alguna teoría, incluso, que asegura su presencia en las costas de Brasil.

 

 

 

De todas sus colonias conocidas destacaron dos: Cartago y Gadir. La primera (en la actual Túnez) terminaría por independizarse cuando Nabucodonosor  conquistó las ciudades Fenicias. Pasó entonces a dominar las colonias occidentales y crear en Hispania dos grandes colonias, Eibissa y Cartago Nova.

Hubo, por tanto, dos Hispanias en este periodo. Una primera, dirigida por Gadir (y de la que nacería el reino de Tartessos, del que pronto hablaremos) y otra púnica o cartaginesa, con Ibiza y Cartago Nova como principales centros.

De la primera poco sabemos más que por textos, pero su templo de Melkart y su oráculo fueron famosos en todo el Mediterráneo antiguo. Lo que sí conocemos es que gracias a su influjo, los primeros españoles conocieron la vid y el olivo, el alfabeto, la almadraba para pescar atunes que aún se utiliza hoy, el descubrimiento de un pequeño molusco llamado múrex del que se extraía un color rojo intenso, el púrpura, color del poder durante toda la época antigua. Nos enseñaron también las técnicas de salazones y la elaboración del gárum, una exquisita pasta de tripas de pescado en salmuera que luego los romanos adorarían, como si fuera caviar. (Aún quedan restos de una fábrica en la propia Almuñécar, llamada entonces Sexi)

 

 

 

Ánforas fenicias para transportar aceite y vino

 

Toda esta civilización nos llegó unida a su religión, un extraño compendio de creencias que unían lo mesopotámico y lo egipcio, como demuestran los famosos sarcófagos de Cádiz

 

. En vez de templos como hicieron los griegos, sus lugares sagrados se encontraban al aire libre, rodeados de pórticos, con un altar en el centro para las ofrendas. Existían también lugares sagrados en montes y cuevas (como luego harán los íberos) y una curiosísima prostitución sagrada en donde mujeres del templo (hieródulas) se ofrecían al visitantes como una forma ritual de acercarse al dios y, de paso, llenar las arcas del templo. Numerosos sacerdotes de cabeza rapada cuidaban de los oficios, como éste que se encontró en la bahía de Cádiz y ahora conserva el Museo Arqueológico de Madrid.

 

 

 

 

Sus sucesores, los cartagineses o púnicos mantuvieron gran parte de la cultura fenicia, aunque dándole un carácter imperial y belicoso que le llevará a enfrentarse en tres ocasiones con la otra gran potencia del Mediterráneo occidental, Roma, en las famosas guerras púnicas.

Sus restos materiales son mucho más abundantes y, si se visita Ibiza, entre la playa y la discoteca, sería muy aconsejable visitar la necrópolis de Puig de Molins (en la misma capital). De ella se han rescatado numerosos trabajos de orfebrería y terracotas (barro cocido) que representaban a sus numerosos dioses, como Astarté (diosa de la vida y la muerte) o a Beel (dios de la gierra, pero también del comercio). Son pequeñas estatuillas llenas de decoración (se llamó a este estilo orientalizante) y de una total despreocupación por la armonía, tanto en las expresiones como en las proporciones.

 

 

 

 

 

 

En Cartago Nova se fundó uno de los grandes puertos del Mediterráneo. Un puerto doble, con un lado interior que servía para refugiarse en tiempos de guerra y servir como astilleros. (Una forma semejante debió existir en Cartago)

 

 

 

Toda la ciudad se encontraba amurallada y aún queda un pequeño recinto excavado de estas defensas, con un pequeño pero precioso museo. La muralla era doble, con habitaciones interiores, que de nada le valió cuando el imperio Romano decidió invadir España para cortarle la retirada a Aníbal. Comenzaría entonces una nueva historia de la que aún vivimos: La Hispania romana, cuya primera expresión será Tartessos

 

 

Si queréis saber más:

http://www.mgar.net/var/fenicia.htm

http://www.geocities.com/fenicios_puj/pagina_principal.htm

 

Existe una maravillosa página que recoge enlaces sobre el mundo fenicio

 

Vicente Camarasa

 

UN ARTÍCULO DE LUJO SOBRE SAMARCANDA

Un Embajador español en el País fabuloso Transoxania
Las aventuras de Ruy González de Clavijo en Samarcanda

22 de noviembre Anno Domini 1404

Por última vez, el embajador de Su Majestad Enrique III de Castilla y León está contemplando la ciudad de las maravillas donde ha visto cosas y vivido aventuras que en su patria española nadie creerá. La ciudad que allí se extiende delante sus ojos es en aquel entonces una de las más grandes del mundo y 1001 leyendas la envuelven: Samarcanda. Ayer cayó la primera nieve y todos los techos, el bazar y las madrasas están cubiertas de una blancura reluciente.

 

 

 

Sólo las inmensas cúpulas de color turquesa se erigen desde la nieve como si fueran bóvedas celestes bajadas a la tierra. Después de grabar profundamente esta imagen de bella grandiosidad en su memoria, aparta la vista y da de espuelas a su caballo para empezar el largo camino de regreso al oeste de Europa que durará más de un año.
Ruy González de Clavijo había pasado casi tres meses como embajador de Castilla en la corte del Gran Kan Timur (Tamorlán) en Samarcanda. ¿Cómo llegó un diplomático español, quien había nacido en el pueblo insignificante de Madrid, a entrar en la radiante y famosísima metrópoli del Oriente? ¿Por qué su Rey le había mandado a ese país tan increíblemente lejano que ya parecía de otro mundo, llamado en Europa "Transoxania" (hoy Uzbekistán)? ¿Cuál había sido la intención de aquella misión peligrosa?

El día 21 de mayo de 1403, Clavijo había salido del Puerto de Santa María cerca de Cádiz para abrir uno de los capítulos más aventureros e interesantes en la historia de la diplomacia del Occidente. Como le había pedido el Rey, Clavijo resumió todas sus impresiones durante el largo viaje al centro de la Gran Ruta de la Seda, escribiendo un diario que hoy constituye una de las fuentes más fidedignas y fascinantes de la historiografía de la Baja Edad Media. Hay pocas relaciones de viajes de aquella época que ofrecen descripciones tan detalladas y exactas y algunas de las observaciones de Clavijo parecen todavía acertadas hasta hoy día, para el actual país Uzbekistán.

Después de dejar atrás Constantinopla, el viaje, cada vez más penoso, les llevó a Clavijo y sus acompañantes por regiones solitarias y exóticas como el Imperio Trabizonda, Armenia, por donde pasaron con vistas al Monte sagrado Ararat, Persia, Afganistán y finalmente atravesaron el Hindukush, para acercarse a su destino. En algún lugar en Persia, los castellanos tuvieron un encuentro con una embajada del Sultán de Egipto, que también quería dirigirse mediante una misión diplomática al gran Amur Timur, Emperador del Oriente. Los embajadores procedentes de España y Egipto decidieron viajar el resto del camino juntos (también por razones de seguridad). Pero luego avanzaron aún más lentamente que antes, porque los egipcios llevaron todo un zoo consigo, destinado para servir de regalo para el Gran Kan: caballos árabes, 15 camellos, un cocodrilo y una jirafa.

El lector del Siglo XXI apenas podrá imaginarse las dificultades logísticas que ocurrieron durante el transporte o la búsqueda de alimentos para unos "regalos" tan extravagantes y vivos – en una época en la que coches de caballos eran el medio de transporte más rápido.
Es que esos regalos debían llegar vivos a Samarcanda, pero antes la extraña caravana tenía que cruzar desiertos y desfiladeros en las altas montañas. ¿Qué puede comer una jirafa en medio de un desierto sin árboles o cerca de glaciares? No lo sabemos, pero la jirafa, eso sí es cierto, llegó viva a la corte del Kan Timur para la gran alegría del mismo. El destino del pobre cocodrilo, por otra parte, quedó incierto en las nieblas de la historia.

A finales de agosto de 1404, Clavijo y sus bravos españoles y los egipcios llegaron a Samarcanda, pero tenían que esperar pacientemente casi una semana en un palacio delante de las murallas de la ciudad hasta que el todopoderoso Timur - quien hizo temblar a la mitad del mundo como antaño su lejano antecesor terrible Gengis Kan – les hiciera llevar a su residencia. El día 8 de septiembre de 1404, Clavijo entró en Samarcanda, la Perla de la Gran Ruta de la Seda. Era una ciudad que como ninguna otra avivaba la imaginación de los europeos: fundada hacia 600 años a.C. , en el año 330 a. C. la conquistó Alejandro el Magno, en el siglo VIII d. C. fue conquistada por los árabes, formando luego parte del Islam y convirtiéndose en una metrópoli de las Artes y ciencias. Pero en 1220, la estrella radiante de Samarcanda casi se habría apagado para siempre, porque delante de sus murallas apareció la amenaza más grande durante su larga historia: "el Sol de Satanás". Así contaron que Gengis Kan se denominó a sí mismo en un mensaje a los vencidos, antes de hacer matar a la mitad de todos los habitantes y construir pirámides de terror con sus calaveras y torres hechas de sus huesos.

Posiblemente, Clavijo pensó por momentos en esas sombras espantosas del pasado cuando estaba caminando al palacio de Amur Timur. Pero ahora, en 1404, Samarcanda estaba renaciendo de sus ruinas, mucho más grande y soberbia que jamás. Clavijo notó impresionado: "Samarcante... es más grande que la ciudad de Sevilla" estimando el número de habitantes con 150.000. Con frecuencia, a pesar de un lenguaje exacto y estilo más bien prosaico, su relación revela su asombro perplejo ante los grandiosos monumentos de la época de Timur, recién construídos o en proceso de construcción durante la visita del embajador castellano. Naturalmente, Clavijo había conocido los espectaculares monumentos árabes o mudéjares de su patria: el Palacio de la Aljafería en Zaragoza, la Gran Mezquita de Córdoba, el Alcázar en Sevilla o la Alhambra en la todavía islámica ciudad de Granada. Todos edificios únicos.

Sin embargo, al leer el diario del viaje de Clavijo, se transmite una fascinación que ya no encuentra palabras cuando intenta describir los palacios y mezquitas de Samarcanda: los numerosos mausoleos de cúpulas turquesas de la necrópolis Scha -i-Sinda, erigidos durante los Siglos XIII – XV, el pomposo mausoleo Gur-i-Emir con su imponente cúpula de azulejos y la inmensa Gran Mezquita de Bibi Hanim.


(Necrópolis de Scha-i-Sinda)


Clavijo siempre repite en su descripción detallada de esos edificios que la combinación dominante de colores es la de azul y oro (en los interiores) y a veces, incluso ese prosaico diplomático castellano interrumpe bruscamente su relación con las palabras sobrecogedoras: "y mucho más de hermosura había que no se podía describir
A veces se trata de una hermosura frágil. Como en el caso de la Gran Mezquita Bibi Hanim. Es una de las pocas mezquitas del Islam que lleva nombre de mujer: Timur la hizo edificar en honor de su esposa favorita. Ese templo se convirtió en un monumento de genial megalomanía con el que Timur quiso superar todas las mezquitas construídas hasta aquel momento. Hizo venir arquitectos de Persia e India para que construyeran aquí la mezquita más grande del mundo. El primer edificio de Bibi Hanim fue derrumbado por orden de Timur, ya que le parecía "demasiado pequeño". Luego, esa mezquita titánica se concluyó en el tiempo récord de tan sólo 5 años (1399 – 1404), pero ya inmediatamente después de la conclusión de las obras, el edificio empezó derrumbándose poco a poco – las bóvedas y cúpulas eran demasiado grandes y los frecuentes terremotos aceleraban el proceso de destrucción. Bibi Hanim, esa mezquita gigante que ahora están reconstruyendo lentamente, tuvo 500 columnas, una superficie de 130 x 102 metros y cuatro cúpulas inmensas y el portal de entrada tiene una altura de 35 metros.

 

 

 

Raras veces un hombre se siente tan pequeño e insignificante como en el momento cuando entra por ese portal, mirando tímidamente hacia arriba. Causar esa sensación era la plena intención de los constructores. Pues Timur, "la espada del Islam" (como fue llamado a veces), siempre dijo: "¡Los que cuestionan nuestro poder que contemplen nuestros edificios!".

Mezquitas como demostración del poder. Toda la pomposidad grandiosa que Clavijo vió a lo largo de su camino al palacio de Timur, debía intimidar a los visitantes del Gran Kan: una alameda sin fin, una cúpula turquesa después de la otra, cada vez más altas e impresionantes
Y al final el palacio de Timur, el temido y todopoderoso, casi semejante a Dios. Amur Timur, a veces llamado "El Cojo" por una herida en el pie, había nacido como lejano descendiente de Gengis Kan por el lado materno, y sus antepasados se habían convertido al Islam. Desde 1366 reinó en Samarcanda – ciudad en la que hizo reconstruir lo que el "Sol de Satanás" había destruído y la que convirtió en la capital más esplendorosa de su época. Como conquistador, sin embargo, fue cruel y obsesionado por el poder – un poco similar a su antepasado Gengis Kan. En tan sólo tres décadas y mediante conquistas rápidas y sorprendentes, logró fundar un imperio gigantesco que se extendió por el país actual de Uzbekistán y todas las regiones de la Asia Central desde el Cáucaso y el Sur de Siberia hasta Persia y Afganistán, conquistó también Delhi, Bagdad y Damasco, sometiendo Siria, la mitad norte de la península árabica, así como todo el norte de la India a su gobierno. Timur llegó a ser el soberano más poderoso en Asia, venció a Totamix, el Kan de la Horda Dorada y planificó un ataque contra el Emperador de China. Finalmente, venció a los otomanos en la batalla de Ankara. ¿Qué estaba sintiendo Clavijo al acercarse paso a paso al centro de poder de ese soberano global?

¿Estaba pensando en los cuentos espeluznantes en los que Timur – parecido a Gengis Kann – hizo construir pirámides de espanto con las calaveras de sus enemigos vencidos delante de las puertas de ciudades conquistadas? ¿O se trataba sólo de leyendas propagandísticas contadas por sus enemigos? Posiblemente, Clavijo estaba lleno de expectativa, esperando la pompa fabulosa de la corte, ya que Timur no sólo era un conquistador temido, sino también famoso por su generosidad como mecenas y convidador. Lo más probable era que el embajador español estuviera pensando en el éxito de su misión: lograr una alianza entre Castilla (o los reinos europeos en general) y el gran Timur contra los turcos otomanos para frenar el avance amenazante de aquellos en Europa.

Es que Timur fue el único gobernador quien había vencido al Imperio Otomano, una amenaza permanente para Europa. Siendo un buen diplomático, Clavijo naturalmente se calla con respecto a su misión, no nos cuenta nada explícitamente sobre el éxito o fracaso del plan político que le llevó a Samarcanda. Pero nos ofrece una descripción detallada del ceremonial de la corte.

Como todos los otros visitantes, se acercó al Gran Kan mediante un ceremonial complicado y lento, después de un sinfín de inclinaciones con los brazos cruzados, genuflexiones y otras muestras de reverencia. ¿Qué podría haber pensado Clavijo durante esos rituales de reverencia? Quizás estaba preocupado porque sus regalos para Timur eran más modestos que los de los egipcios.

Pues, en vez de un zoo con camellos y jirafa sólo podía ofrecer ricas telas y dos halcones. Cuando llega finalmente al trono del Kan, la primera impresión pudo haber sido decepcionante, porque el temido conquistador de la mitad del mundo conocido ya estaba viejo y enfermo, un par de meses más tarde iba a morir.

 Pero a pesar del reconocimiento un tanto tranquilizador que incluso los más poderosos de la tierra tienen que someterse a la ley de la transitoriedad de todo lo humano, el embajador castellano se habrá sentido muy inseguro durante ese primer encuentro. Primeramente, porque notando la enfermedad grave de Timur, tenía que dudar el éxito de su encargo. Pero también porque nadie le habrá explicado bien la etiqueta del palacio en "Transoxania". ¿Cómo pudo saber que en la corte de Timur no se besa la mano o el anillo del soberano al saludarlo? ¿Alguien le advirtió que en Samarcande se esperaba de los visitantes que tomaran un baño antes de ser recibidos en el palacio? Pues, los cristianos de la Edad Media no estaban acostumbrados a tanta higiene oriental y tomaron personas que se lavaban con frecuencia por " sospechosos ", ya que sólo judíos y musulmanes solían lavarse cada día. ¿Le habían dicho antes a Clavijo que tenía que acostumbrarse a comer carne de caballo y beber litros de leche de yeguas?

No obstante, a pesar de todos los posibles malentendidos que podían haber causado dificultades durante los primeros encuentros con el Kan, Clavijo pronto se siente muy mimado en Samarcanda. En la corte, le trataron muy bien, el gran Timur manda darles muchos regalos y vestiduras como para reyes a él y sus acompañantes, y casi cada día, los invita a banquetes. Mientras que el tiempo esté bueno, los españoles son invitados a un entoldado pomposo en el jardín. Clavijo menciona, no sin orgullo, en su diario que el Gran Kan dió la orden de dar un asiento elevado a los embajadores españoles de su "amigo Enrique" para destacarlos entre los visitantes, mientras que los embajadores del Emperador de China fueron humillados, ya que tenían tomar asiento en el lugar más bajo

Realmente divertidas en el diario de Clavijo resultan las descripciones de juegos organizados para los ilustres visitantes durante las fiestas. Especialmente entretenido es el espectáculo de la "carrera de elefantes". Primeramente, los chicos de Samarcanda juegan con los elefantes, vistiéndolos. Luego tiene lugar la carrera de esos elefantes de la India, adornados de ricas telas. Lleno de admiración, el embajador castellano nos habla de los bazares de Samarcanda, la seda y las especias exóticas que se encuentran allí, también le impresionan los baños públicos y las modernas instalaciones de riego que hacen florecer los "jardines del paraíso".

De hecho, Clavijo debe haberse sentido como en el paraíso, porque el segundo día, le invitaron a una gran fiesta con banquete y espectáculos. O se trataba de una fiesta oficial en su honor, o le invitaron a una de las numerosas bodas. Pues, cada tres o cuatro días se casó alguno de los hijos, hijas, nietos o sobrinos de Timur y la vida en Samarcanda parecía toda una fiesta. Y los temores de los europeos que en el imperio del protector del Islam debían echar de menos disfrutar del vino no eran nada acertados. Clavijo no sólo se asombró de las toneladas de asado de carneros que se comían durante aquellas fiestas, sino también quedó impresionado por las cantidades de vino que tomaron. Antaño como hoy día, Uzbekistán parece ser el país islámico donde más vino se bebe. A veces, Timur mismo mandó un "emborrachamiento colectivo" con algún motivo festivo. Todos los presentes, especialmente los embajadores extranjeros, brindaron por Timur y su familia y tuvieron que beber bastante.

Con la llegada del invierno se terminó de repente el tiempo paradisíaco de los banquetes, porque Amur Timur se ponía cada vez más enfermo, estaba ya moribundo. Su sepultura ya estaba preparada., ya que el mismo había mandado la construcción del pomposo mausoleo Gur-i-Emir, casi concluído. Clavijo observa que los obreros trabajan día y noche sin pausa para concluir la cúpula del mausoleo, así como la Mezquita Bibi Hanim, para terminar las obras lo más pronto posible.

 

 

Construída más tarde por sucesores de Timur: la Plaza Registan con las madrasas de Ulugh-Bek (izqa., 1420), Shir-Dor (dcha., 1636) y Tilla Kari (1660)

El soberano que hizo temblar a mitad del mundo, pero también construyó una ciudad fantástica que ya no parecía de este mundo, murió sólo dos meses después de la partida de Clavijo el día 14 de enero de 1405. Su sarcófago se encuentra hoy debajo de la cúpula dorada de Gur-i-Emir.

El día 22 de noviembre de 1404, Clavijo y su equipo se despidieron de Samarcanda. ¿Había tenido éxito su misión? Pensando en dimensiones políticas, habrá que decir que no, ya que no había ninguna guerra común de Timur o sus herederos y los reinos europeos contra los otomanos. La súbita muerte del Kan impidió una alianza oficial entre Toledo y Samarcanda. Sin embargo, ese contacto diplomático entre España y Transoxania (Uzbekistán) es uno de los más interesantes y poco conocidos episodios de la Baja Edad Media.

 

 

(Exterior e interior de la mezquita de Tilla Kali)

Sin duda, ya 600 años antes, Clavijo quedó fascinado por el pensamiento que también en el año 2004 domina las impresiones de cada visitante de Samarcanda - la periodista Ina Tkatsch lo resumió tan acertadamente: "Uno camina como un sonámbulo por tanta grandiosidad que puede ver en esta ciudad."

Texto + Fotos: Berthold Volberg

(Si quieres leer más de sus artículos  entra en

http://www.caiman.de/portpt.shtml (Artículos sobre Portugal), atento, Capi

http://www.caiman.de/espan.shtml (Artículos sobre España)

 

VAN GOGH. UN AUTORRETRATO

 

 

 

Sólo un pintor en la historia, Rembrandt, llegó a realizar tantos autorretratos como Van Gogh, una serie completa desde la juventud hasta la más absoluta vejez que nos ha servido para saber de sus anhelos y estados de ánimo durante casi medio siglo.

Sin embargo, los autorretratos de Van Gogh poseen algo sumamente especial, pues en realidad no son verdaderos cuadros, sino una elaborada estrategia: la de vigilarse a sí mismo y a los síntomas de su enfermedad mental que avanzaba en su interior.

Como es sabido, el pintor comenzó a experimentar sus primeros estragos cuando residía en Arlés, e incluso tuvo que ser internado en el hospital, hoy un maravilloso edificio entre jardines dedicado a su vida y obra.

Durante estos episodios perdía el control de sí mismo durante días y en una ocasión se intentó comer un bote de amarillo limón. Se volvía agresivo, como ya pudo comprobar el propio Gauguin (y también su oreja, que fue cortada y enviada a una prostituta de la que estaba secretamente enamorado) y durante horas era perseguido por terribles alucinaciones que, al terminar la crisis, le dejaban en un estado de postración extrema.

Muchos médicos han intentado diagnosticar la enfermedad de Van Gogh. Las conclusiones nunca han llegado a ser unánimes, aunque puede suponerse que su origen estuvo en una sífilis mal curada o simples crisis nerviosas acrecentadas por su ritmo de vida de trabajo extenuante, sus malas y escasas comidas, y el abuso del café, el alcohol y el tabaco.

Lo cierto es que Van Gogh no estaba loco, como es habitual oír aún delante de sus cuadros. Tenía episodios de, llamémosle, locura. Pero sólo eso, episodios puntuales que cada vez se fueron repitiendo más frecuentemente. Durante ellos no pintaba (realmente no tenía conciencia de nada). No es, por tanto, un pintor loco, sino un pintor amenazado por la locura, aterrorizado por la llegada siempre imprevista de la crisis.

Por ello la estrategia de vigilancia de los autorretratos. Una búsqueda (en el fondo inútil) de encontrar los orígenes de su mal, el tiempo que le quedaba aún hasta su siguiente recaída. Con su mirada, tensa, irritada, nos pregunta a gritos qué será lo que le depare el futuro. Pues dentro de toda esta imagen tan dura sólo está un profundo miedo, el niño que nunca llegó a comprenderse del todo que fue siempre Van Gogh.

 

Si nos fijamos bien en el cuadro hay dos aspectos que seguramente nos llamarán la atención. Por una parte su barba anaranjada, por otro, el fondo lleno de ondulaciones.

Van Gogh era pelirrojo (el signo del diablo, como se decía desde la Edad Media), pero no tanto. Podemos ver otros cuadros suyos y podremos ver como su pelo no tenía la intensidad de este cuadro, lo que nos lleva a comenzar a emprender cual fue una de las primeras aportaciones que tuvo su pintura para el futuro siglo XX. Como ya decía Gombrich, Van Gogh descubrió los poderosos efectos emocionales que tenía el color, tanto por saturación (dando tonos puros y llenos de tensión) como por contraposición (hasta el momento nadie se había atrevido a unir colores complementarios como el azul y el naranja con tal sinceridad, prescindiendo de los tonos intermedios). De esta forma los colores, en vez de armonizarse entre sí (como era habitual en la pintura clásica), luchan entre ellos, intentan imponerse en la retina del espectador que es incapaz de verlos a la vez y debe moverse de uno a otro, sin posibilidad de una síntesis (Este efecto debía ser aún más intenso en los años de vida de Van Gogh, pues su uso de colores de baja calidad  han hecho que el cromatismo de los Van Gogh se vaya apagando según pase el tiempo, haciéndolo más agradable pero perdiendo en intensidad).

Por otra parte nos habíamos fijado en el fondo. ¿Qué es lo que pasa con él, por qué nos atrae un tema tan sumamente secundario?

La clave se encuentra en lo que decíamos un poco más arriba. Van Gogh, cuando pintaba, no estaba loco. No, sólo aterrado, pero con la suficiente lucidez como para saber transmitir esta angustia por métodos puramente plásticos. O sea, que sabía muy bien lo que hacía, se daba cuenta de que, si quería contarle al espectador su angustia interna, debía utilizar ciertos trucos con los que estaba hiriendo de muerte el arte tradicional.

En este arte clásico el fondo servía para llamar la atención del retratado (como haría constantemente Rafael) o, de una forma casi inconsciente para el ojo del espectador, dirigir la mirada a algún punto de interés del autor. En este punto tanto Rembrandt como Velázquez fueron los grandes maestros. Si se observan sus fondos no son monócromos (aunque así podemos recordarlos) sino llenos de matices y luces que remarcan, como halos, la cabeza, un gesto…

 

Rembrandt. Autorretrato, 1660

 

Van Gogh, sin embargo, renunció a esta forma casi secreta de pintar (que conocía perfectamente, pues Rembrandt siempre fue uno de sus pintores favoritos) y se decidió a crear un fondo en completo movimiento que pugnara con la figura en la atención del espectador. Quería esta lucha, como ya había hecho con los colores, para que el cuadro se llenara de energía y comunicase su ánimo alborotado por la inquietud. Un truco más de su excelente oficio: llenar de formas espirales que se mueven con frenesí, penetrando en su propia chaqueta. Así ya lo había hecho en la famosa Noche estrellada en donde el movimiento del Universo es de tal magnitud que termina por dar vértigo.

 

 

Aún más, si nos fijamos en el cromatismo de este fondo, volveremos a encontrarnos que se vuelven a mezclar sin unirse, los tonos cálidos anaranjados sobre una forma esencialmente fría (verde azulada). Igual que puede verse en la cara, la pugna del naranja de la barba con las sombras verdosas bajo el ojo, la realidad ya no se copia como ven los ojos. Por el contrario. El mundo visual ha estallado en pedazos para reconvertirse en formas y colores imaginados por el autor. Recursos que utiliza en plena libertad para transmitir un mensaje

¿No os está recordando esto a alguien que vimos hace poco? ¿Qué hacía Kandinsky con la Naturaleza? ¿Por qué Van Gogh fue uno de sus autores favoritos? KANDINSKY. UN PINTOR MUSICAL en ARTE CONTEMPORÁNEO; JULIO)

Y es que el camino a la modernidad se inició mucho antes de lo que normalmente creemos, y sus primeros pasos lo dieron los postimpresionistas (Cezanne, Gauguin, Van Gogh…). Fueron ellos los que le dieron a la mirada, como dice Jesús Chaparro, una forma nueva. Fue el triunfo de la subjetividad, de la mirada personal que renuncia a un mundo de puras apariencias del que el hombre debe sospechar, pues la única verdad a la que nos podemos agarrar (como nos sigue ocurriendo en este momento) es la que tenemos nosotros. Un simple fragmento, una vista del mundo acaso deformada pero profundamente nuestra. La única que nos queda tras la muerte de Dios que predijo Nietzche. El hombre se ha quedado sólo, sin más certezas que las suyas propias y sólo puede intentar la reconstrucción de la realidad apelando a su corazón o a la geometría (como haría Picasso), a su subconsciente (los surrealistas) o a la música (Kandinsky)

 

Por todo ello Van Gogh nos sigue atrayendo. Por que en el fondo es uno de los primeros que nos muestra esta terrible fragilidad humana, su incapacidad ante un mundo que ya no tiene control y se mueve en espirales sin fin a nuestras espaldas, amenazándonos sin cesar.

¡Qué lúcido era Van Gogh, pese o quizás gracias, a sus episodios de locura! Volveremos a él de vez en cuando, pues así quizás nos sirva para comprendernos mejor.

 

Vicente Camarasa

 

UNA MIRADA A TRAVÉS DE LA HISTORIA. ROBERT CAMPIN

El retrato pertenece a una época, comienzo de la época Moderna, en la que la burguesía ya se va asentando como clase y su riqueza y prestigio aumentan, debido al desarrollo del comercio y los avances de la agricultura. Son los llamados primitivos Flamencos, siendo Campin el origen de la escuela, durante mucho tiempo oculto bajo otros nombres (Maestro de la Flemade, como lo denomina el Prado o, según algunos autores, el propio Van der Weyden joven).

Como es Habitual en el estilo, aparece en tres cuartos, con un extremo realismo y minuciosidad en los detalles, con sus típicos pliegues acartonados.

 

 

En el retrato, la mirada de la dama transmite la serenidad de una fe no desgarrada, capaz de encarnar a Dios en la vida material. Desaparece la agonía medieval expresada hasta el s.XIII-XIV, entre la vida culpable y el Dios juez y verdad, como aún ocurría en el románico. Por el contrario, es la vida cotidiana es "bendecida" hasta en sus últimos detalles. Sin caer en el hieratismo, quizá sea ésta la época donde más abundan los retratos de la serenidad, de la aceptación.

Aún no ha ocurrido la crisis barroca que fragmentará al sujeto entre la vida y la salvación ( Lutero), la verdad y el dogma (Galileo), el sueño y la realidad (Calderón, Descartes, Velázquez) La mirada de la dama aún no está perdida bajo un "Dios engañador", ni en las ilusiones teatrales y claroscuros de los espacios pictóricos, arquitectónicos, metafísicos, religiosos.

Si continuásemos el viaje en su mirada, ésta reflejaría la progresiva deformación de la serenidad en abismo y soledad. En sus ojos se abriría la agonía de la finitud ante la realidad infinita e irredimible de la Naturaleza, pertenecerían al umbral donde se diluyen la individualidad y el Uno no trascendente ni capaz de una redención eterna, tal como aparece en la no-frontera entre el monje y el mar (Friedrich) Su figura, ya debe encarnar el descenso inevitable de un Dios hasta su huella absoluta, pero sólo de horror y absurdo.

 

Friedrich. Monje a la orilla del mar. Periodo romántico. Siglo XIX

 

En nuestra época, después de guerras mundiales, crisis económicas, revoluciones sociales, científicas y tecnológicas, la "Humanidad" de la dama desaparece. Queda su inconsciente sin razón de sueños y traumas (Dalí), el desgarro que provoca mirar al no-sentido de la existencia (F.Bacon), la presencia de los objetos extinguida en luz y planos de espacio y tiempo (Cézanne, Picasso)

 

Francis Bacon. Expresionismo de segunda mitad del XX

 

Su Dios, su mundo y su mirada han desaparecido en la nada blanca de un anti-icono (Malévitch)

 

Jesús Chaparro (profesor de filosofía)

IGLESIA DE SAN PEDRO. ENTRE EL MUDÉJAR Y EL BARROCO, Y UN ICONO

Junto a la iglesia de San Nicolás (a la que ya dedicamos un artículo en MADRID), ésta es la iglesia más antigua de Madrid, pues aparece mencionada en el fuero de 1202.

Probablemente fue anteriormente mezquita, aunque nada queda de ella, sólo el recuerdo (ya mudéjar) de su esbelta torre, una de las más bellas estampas que se pueden ver en atardecer, desde la plaza de la Paja. Sus campanas mantuvieron durante mucho tiempo un extraño poder milagroso: su tañido alejaba las tormentas o atraían la lluvia, según se hicieran repicar.

 

 

En este mismo lado, en los pies, se encuentra una dañadísima portada renacentista (de Lorenzo Vázquez), en la actualidad clausurada.

Su interior fue reformado en el siglo XVII, creando tres naves cubiertas por las famosas bóvedas de cañón con lunetos que se iniciaron en el Gesú.

Sin embargo no es su arquitectura lo más sobresaliente, sino una de las tallas más impresionantes que conservamos en Madrid: el llamado Jesús el Pobre. Se trata de una figura tallada en cuerpo entero (aunque ahora sea vestida con una saya), con pelo natural y una expresión que cambia según se varía el punto de vista: de un orgulloso califa islámico a un Cristo de una suave tristeza.

 

 

 

Probablemente realizada en un taller sevillano de finales del XVIIII (cercano, por lo demás a la Roldada, la creadora de la Macarena), procesiona el jueves santo por la tarde-noche por las estrechas callejas de su barrio, siendo la mejor imagen que uno se puede llevar de la poco conocida pero hermosa Semana Santa madrileña.

Más allá de su valía artística, quizás sea (junto al de Medinaceli) una de las imágenes más populares y veneradas de Madrid, y su capilla siempre se encuentra llena de claveles frescos y rojos, con el pie destrozado por las constantes caricias de los fieles pidiéndole sus más escondidos anhelos.

 

En el altar se encuentra una copia francamente buena de uno de los iconos más populares en oriente: la Virgen del Perpetuo Socorro. Su fondo de pan de oro envuelve el dulce rostro de una Virgen que toma la mano de Niño Jesús, en una composición y colorido que trae a la memoria Bizancio y sus imágenes sagradas de las que derivaría el románico. Con qué maestría aplica los colores en la cara o pinta la mano del Niño entre las de su Madre para luego repudiar el claroscuro de la ropa, hecho con simples formas triangulares. Como era habitual en Bizancio, el icono tiene también realizado parte de él (coronas, anillo del dedo) con plata repujada y piedras preciosas que se engarzan sobre la propia madera, creando así un verdadero lujo de luces que las velas (lamentablemente eléctricas) hacen oscilar ante la luz del visitante, pues ante la misma divinidad se encuentran, según pensaban los bizantinos

 

 

 

La iglesia se encuentra junto a la calle Segovia, y si os asomáis a ella os encontraréis en uno de los lugares en donde se creó Madrid. Viendo su cuesta pronunciada que termina en el propio Manzanares seguro que podréis imaginar que éste era un arroyo que había creado un pequeño valle entre dos montículos. Si estáis mirando hacia abajo, a vuestra derecha se encontraría el Madrid del poder, el que primero ocuparon los musulmanes y más tarde los cristianos, mientras que a vuestra izquierda se encontró siempre el Madrid más marginado, el de los mozárabes en tiempos musulmanes (en aquellos tiempos y esos lugares nacería y trabajaría San Isidro, un mozárabe), el de los musulmanes tras la reconquista, y por último uno de la juderías de Madrid hasta su expulsión con los Reyes Católicos

 

 

Vicente Camarasa