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UNA RESPUESTA AL KOAN PROPUESTO… QUE NO LO ES

El zen es uno de los productos culturales más refinados de la cultura oriental. Su nacimiento se produce en China, tras la unión del budismo con tradiciones taoístas. Más tarde pasará a Japón donde se desarrollará casi como cultura oriental.

 

Dentro de la enseñanza del zen (hecha entre maestro y discípulo sin una estructura fija como nuestros cursos occidentales), ocupa un lugar muy relevante el koan. Se trata de una pregunta o pequeño relato que no tiene una resolución lógica.

Esto no significa que no tenga solución. Lo único que quiere decir es que el alumno (el espectador en el arte) no puede resolver el enigma de la forma tradicional, por medio del pensamiento lógico. Necesita pensar, sí, pero de una manera distinta, utilizando la intuición, la iluminación repentina, los sentimientos incluso, dejando a un lado los conceptos cerrados, globales, el blanco y negro occidental.

Incluso el koan plantea una advertencia sobre los peligros del lenguaje. Muchas palabras nos ocultan la realidad más que nos la desvelan y debemos de ser consciente de no quedarnos encerrados en esta jaula de conceptos si queremos comprender verdaderamente la realidad. Pues la palabras señalan pero no terminan por sustituir la realidad (aunque en occidente muchas veces lo hagan).

 

Por todo ello para entender el Koan (el zen recurre mucho más a comparaciones que a certezas) lo deberíamos considerar como una escalera que nos permite subir a algún lugar. Nadie se queda mirando la escalera con arrobo, sino que la utiliza para algo. El koan es semejante. Un instrumento para un conocimiento más auténtico de la realidad que obliga al alumno (espectador) a trabajar con él, pues en la enseñanza zen no hay un temario cerrado y el maestro se limita a guiar al alumno, darle posibilidades; nunca le enseñará nada, le ayudará a que lo descubra el propio alumno.

 

En occidente estas fórmulas se han utilizado muy a menudo. Uno de los ejemplos más clásicos es la poesía mística que pretendía definir con palabras lo divino. Al resultar imposible de forma racional se utilizará en ella numerosas metáforas, contradicciones, mensajes ilógicos que, cuando se llegan a comprender, revelan mucho más que una descripción

 

Para venir a gustarlo todo,

no quieras tener gusto en nada.

Para venir a saberlo todo,

no quieras saber algo en nada.

Para venir a poseerlo todo,

no quieras poseer algo en nada.

Para venir a serlo todo,

no quieras ser algo en nada.

Para venir a lo que no gustas,

has de ir por donde no gustas.

Para venir a lo que no sabes,

has de ir por donde no sabes.

 

San Juan de la Cruz. Subida al Monte Carmelo.

 

Mucho tiempo después, si lo pensáis, el surrealismo busca esta forma de conocimiento irracional de la realidad. Mirad si no lo veis claro Un perro Andaluz 

Yo por mi parte quiero también dar mi propia respuesta al Koan (cada uno tiene la suya, pues aunque la verdad sea una, el camino por encontrarla es distinto y, en el fondo, lo verdaderamente importante, buscar más que encontrar, pues la propia búsqueda tiene ya mucho de conocimiento).

Utilizaré el arte, claro. Para mí el sonido del aplauso de una sola mano es

 

Malevich. Cuadrado blanco sobre fondo blanco

Tomado de http://www.futuropasado.com/?p=417

 

No sé si con esto he hecho un nuevo koan, aunque quería antes de terminar quería proponeros otro, que no es para nada ortodoxo pero a mí me parece una de las poesías más brillantemente oscuras de la literatura del XX, Sólo su primer verso

 

Quiero dormir el sueño de las manzanas

 

(Federico García Lorca, El Diván del Tamarit)

(El texto entero lo tenéis en el Rincón Literario)

Si queréis conocer más Koans zen podéis consultar:

 

http://www.ciao.es/Acertijos__Opinion_710874 

 

http://tantra.com.es/Biblioteca/espiritualidad/zen/Zenkoans.htm

 

Intentad pensar en ellos, dejaros fascinar como si vierais el cuadro azul de Yven Klein del que ya hablamos. Dentro de unos días volveremos al tema

 

Vicente Camarasa

 

TAMBIÉN AQUÍ PUEDES ENCONTRAR BARROCO

 

Para que no se pierdan en las secciones de distintas ciudades recopilaré de vez en cuando en este artículo los vínculos con otros en donde se puede encontrar obras y comentarios del barroco

ARQUITECTURA

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La familia Figueroa en Sevilla, dividida entres artículos, con obras tan esenciales como la Magdalena, El Salvador, San Luís de los Franceses, el Palacio de San Telmo, todos en Sevilla

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Palacio monasterio carmelita de Loeches, obra de Fray Alberto de la Madre de Dios y Gómez de Mora

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ESCULTURA

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Gregorio Fernández, el escultor vallisoletano.

En Madrid, una talla de Mena en San Nicolás,  la iglesia de San Pedro con el famoso Jesús el pobre

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En Alcalá de Henares el Hospital de Antezana  con una talla de Juan de Mesa.

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La Virgen de la Oliva de Valdilecha y las figuras de candelero barrocas a principio del siglo XVIII

 

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Por supuesto los artículos de Semana Santa 

PINTURA

Imágenes del retablo de Algemesí de Ribalta sobre Santiago

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OTROS

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Sobre el teatro y los corrales de comedias del Siglo de Oro

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Sobre el Conde duque  

 

ARTE ORIENTAL. UNA SOLA PREGUNTA

 

 

¿Cómo suena el aplauso de una sola mano? (Koan zen)

 

 

LA CÚPULA DE LA ROCA (Segunda Parte). El edificio islámico

 

La cúpula de la roca. Planta

Tomada de wikimedia

 

Como podéis ver la planta es claramente centralizada pues todo el interés se encuentra en el centro (La Roca). Para ello utiliza la forma octogonal que se termina convirtiendo en un círculo, creándose una serie de anillos concéntricos hacia el interior, creando un camino que luego será reforzado por la luz.

Esta idea no es nueva sino que ya había sido utilizada en el paleocristiano (Mausoleo de Santa Constanza en Roma) o Bizancio (iglesia de Sergio y Baco en la actual Estambul o San Vital en Rávena).

Con esta planta el espacio se divide en dos grandes zonas: el doble deambulatorio y la zona central de la roca, lo que no sería excesivamente conveniente para el rezo común y, como veremos en el comentario, tal vez sea, utilizado para otro tipo de ritos


 La cúpula de la roca. Exterior

Tomada de wikimedia


Al exterior el edificio se nos aparece como un equilibrio entre lo horizontal (sus deambulatorios) y la verticalidad de la cúpula.

Los materiales utilizados fueron en gran parte reutilizados (del antiguo Templo de Salomón) y más tarde recubiertos, siendo ambas características típicas de todo el arte islámico que nace realmente con esta obra.

En la parte baja del deambulatorio predomina el muro sobre el vano mientras que en el tambor (cilindro sobre el que se coloca la cúpula) es el hueco lo principal, lo cual influirá directamente en el reparto de luz interno del edificio.

 

 

Interior Cúpula de la roca

Tomada de islamicity.com

 

Al interior volvemos a observar su alzado bipartito. Junto a los muros las formas de sustentación serán columnas reutilizadas que, debido a sus diferentes tamaños, utilizarán diferentes basas para nivelar en sus alturas. De ellas arrancan arcos de medio punto de tradición bizantina que son reforzados por tirantes (en unos lugares, los más primitivos, de piedra, que han sido poco a poco eliminados en las restauraciones por elementos metálicos).


  

Tomada de almendrón 

 

 

Si se observa la planta, la zona central que habrá de sustentar la cúpula se encuentra reforzada por cuatro grandes machones (pilares cuadrados) que estabilizarán el alzado.

 

La cubierta recurre a techos planos en los dos deambulatorios mientras el centro lo ocupa una cúpula de media naranja doble realizada en materiales ligeros y sobredorada al exterior, para reflejar la luz.

 

Tomada de almendrón

 

 

Como va a ser habitual en todo el arte islámico, la decoración será fundamental a la hora de contemplar el edificio, pues no se trata de un simple embellecimiento sino que es realmente el edificio (el ejemplo máximo de esta idea será la Alhambra).

La exterior corresponde a una reforma turca del siglo XVI. Por medio de azulejos que reflejan la luz se crean formas típicamente islámicas como las lacerías (líneas que se entrecruzan) y la epigrafía (la utilización de las letras con formas artísticas pero también iconográficas, al tratarse de versos coránicos). De la construcción original queda aún el revestimiento de mármol bajo en donde se utilizan motivos geométricos

 

 

La cúpula de la roca. Detalle exterior

Tomada de almendrón 

 

En el interior encontramos mosaicos realizados según la tradición bizantina en donde aparecen joyas, coronas y decoraciones vegetales (atauriques), todos ellos con una técnica depuradísima.

 

COMENTARIO

La cúpula de la Roca tiene, al menos, tres grandes significados.

En primer lugar se encuentra el artístico, ya que se trata de la primera gran obra del arte musulmán, que hasta entonces apenas había construido estructuras de mezquitas con materiales no duraderos (Casa de Mahoma, primitivo recinto de la Kaaba).

Sin una tradición arquitectónica (el pueblo árabe tiene raíces bereberes, que eran nómadas, y por tantos ajenos a la arquitectura estable), vemos como su arte se nutre de fuentes anteriores como el paleocristiano oriental, el bizantino o el propio romano. Su genialidad consiste en unificar elementos tan lejanos de su cultura para crear un estilo propio. Este proceso se realiza a través de la subordinación de todos los elementos a la idea suprema de divinidad.

Por otra parte, su aniconismo (prohibición de realizar imágenes, heredada de los judíos) le obligarán a retomar las formas geométricas tradicionales (vegetales, lineales, epigráficas) a las que dotarán de un sorprendente sentido del ritmo, movimiento y color, siendo uno de los sellos de su arquitectura, según Marçais. Según Burckhardt, muchos de los motivos decorativos derivan de las alfombras y tejidos primitivos que portaban los beduinos en sus movimientos tanto para vestir como para realizar sus tiendas.

 

Su segundo significado sería el puramente político. Al igual que la Mezquita de Damasco, la cúpula se construyó durante el mandato del tercer omeya, Abd al Malik. Durante este momento se está produciendo la segunda fitna o guerra civil entre los llamados sunnitas (los Omeyas) y los shiítas y persas. Estos últimos estaban encabezados por Hussein, nieto de Alí (yerno del profeta), que murió en la sangrienta batalla de Kerbala. Ante la fuerte represión que se sucede tras ella, Abadía se levanta en la propia Meca.

No deberíamos olvidar, por tanto, que mientras se realizaba este monumento, en el mismo tiempo, los ejércitos de su constructor, Abd al Malik, estaban bombardeando con catapultas la propia Kaaba en donde se atrincheraban sus enemigos.

Ante ello han surgido algunas hipótesis, como la de  Kanan Makiya, que plantean la cúpula de la Roca como un templo que habría de sustituir al de la Meca, dando un nuevo lugar de orientación para el rezo. Sin llegar a tales extremos, muchos investigadores (Grabar) hablan de un interés por trasladar el peso político de Arabia a Jerusalén que les permitiría un mejor dominio de sus nuevos territorios conquistados (Palestina, Siria, Irán).

 

En tercer lugar, la cúpula de la Roca tiene un profundo sentido religioso, como ya se vio en la Primera Parte intentando dejar claro la nueva preponderancia del Islam sobre sus antecedentes judíos y cristianos. Así su colocación se sobrepone a las ruinas del antiguo templo de Salomón y, a la vez, se trata de un monumento que pretende superar a la iglesia del Santo Sepulcro cristiana que había realizado Constantino en el siglo IV.


  

Planta original del Santo Sepulcro. Siglo IV

Tomado de wikipedia.org

 

De hecho las similitudes son notables. Las dos toman una estructura centralizada para marcar una roca (la Cúpula) o el enterramiento de Cristo (Santo Sepulcro). Junto a ella se encuentra una forma basilical de varias naves que serviría como lugar de culto público y colectivo que en la Cúpula de la Roca se convertirá en la llamada mezquita de Al-Adsa


 

La mezquita de Al-Adsa

Tomada de wikimedia.org

 

Nos queda una última cuestión a analizar: la trascendencia de la obra hacia el futuro. Esta mezquita tendrá una amplia difusión gracias a los templarios (y hospitalarios) que, como se dijo en el artículo anterior, se encerraron durante nueve años en este monte. Lo más evidente es su estructura centralizada que podemos ver en obras como la Vera Cruz de Segovia o Torres del Río (en este post encontraréis todas estas formas centralizadas del románico).

 

 

 

Iglesia templaria de Eunate

Tomada de santamariadeeunate.

 

 

Planta de la iglesia templaria de la Vera Cruz de Segovia.

Tomado de http://www.jdiezarnal.com/iglesiadelaveracruz.html

 

Aunque en menor medida, el ámbito musulmán conservó estas esencias en la edificación de kubas (edificios cuadrangulares coronados por cúpula central, normalmente con usos funerario para los grandes santones) que a su vez se volvió a inflirtar en el mundo cristiano español por medio del mudéjar, como podéis ver aquí

Mausoleo de Ismail. Bujara

 

Sin embargo sus relaciones van más allá y conectan con una de las teorías más discutidas y enigmáticas del mundo templario.

Desde muy antiguo (filosofía pitagórica) se mantiene la teoría de que el verdadero conocimiento se encuentra en las matemáticas, el número y la proporción, siendo estos los instrumentos perfectos para representar lo divino. Por ello la arquitectura (sus proporciones y relaciones geométricas) puede ser en sí misma un mensaje divino.

Según la tradición las medidas del Templo de Salomón habían sido dadas por el mismo Dios y durante muchos siglos algunos iniciados (como los templarios, o los constructores góticos) intentaron manejar este mensaje geométrico para encontrar las formas de divinidad, creando recintos en los que, por su propia estructura matemática, transmitieran casi inconscientemente, la idea de Dios, purificada de cualquier tipo de imagen.

Según Burckhard, la cúpula de la Roca pertenece a esta corriente espiritual y en varios de sus libros ha intentado examinar las relaciones matemáticas de la cúpula, que une el cuadrado (la Tierra) y el círculo (el Cielo) a través de formas octogonales y estrelladas (que también aparecen en su decoración).


 

La cúpula de la roca. Sus relaciones matemáticas

Tomada de wikimedia.org

 

Según esta teoría, entrar en la cúpula de la Roca (o en cualquier iglesia templaria) significa una experiencia extrarracional que permite (a la persona iniciada) conocer directamente lo divino. Por ello, el propio autor habla que esta estructura de la Cúpula, más que pensada para grandes multitudes, se realizó para una contemplación más íntima. El visitante debería realizar una serie de movimientos circulares en torno a la Roca, acercándose poco a poco a su misterio.

Restos de esta forma cinestésica (de lo referente al movimiento) los podemos encontrar en los derviches turcos que aún hoy siguen girando sobre sí mismos al ritmo de la música o en ciertos ritos templarios realizados en sus iglesias, que eran recorridas en círculos concéntricos.

 

Vicente Camarasa

 

Para saber más

http://www.almendron.com/arte/arquitectura/islam/cap_02/islam_02.htm

(Excelente página de arte islámico)

 

http://perso.wanadoo.es/historiaweb/antiqva/simbolismo%20ascensional/index_simbolismo.htm (Una página dedicada a estudiar el simbolismo geométrico en la arquitectura antigua. Muy interesante)

 

http://perso.wanadoo.es/viajerosweb/eunate/capilla.htm (Sobre esoterismo templario en Eunate)

LA CÚPULA DE LA ROCA (I PARTE). LA TERRIBLE DENSIDAD DE LA HISTORIA POSADA EN UN ÚNICO LUGAR

 Vista General de la explanada de las mezquitas con la Cúpula de la roca en su centro

es.wikipedia.org

 

Pocos lugares en el mundo guardan memoria de una historia (y leyenda) tan densa como la ciudad de Jerusalén. Ciudad sagrada en las tres religiones del Libros (Judaísmo, cristianismo e Islam), construida y derribada varias veces en la historia y ante todo imaginada, Jerusalén es el omphalos, el ombligo del mundo para gran parte de la cultura occidental, influida por alguna de estas tres religiones.

Pero dentro de ella quizás exista un lugar que (especialmente para el Islam y el Judaísmo) sea el depositario máximo de su tradición. El monte Moriá o, simplemente, la Roca. En él fue erigida la Cúpula de la Roca y la mezquita Al-Adsa islámicas.

Pese a la importancia arquitectónica de ambas construcciones (las primeras del arte islámico), en el fondo se limitan a proteger con sus maravillas el Lugar por excelencia. Son los signos humanos que señalan la presencia inmemorial de lo divino, como muy bien comprendieran los templarios.

 

 

La cúpula de la Roca y sus construcciones adyacentes

http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:The_west_wall_and_the_temple_mount.jpg

 

Si hacemos caso a las tradiciones islámicas, esta Roca que protege hoy la Cúpula no sería otra cosa que una parte del trono de Allah en el que estuvo sentado mientras realizaba la creación del Mundo. Sería por tanto la Primera Tierra, el lugar original desde el que se desarrollaría toda nuestra vida.

 

 La Roca

Tomada de

http://www.almendron.com/arte/arquitectura/islam/cap_02/islam_027.htm

 

Allí mismo (según el Islam) sería enterrado el primer hombre, Adán, y mucho tiempo después, Abraham lo habría utilizado como lugar de sacrificio y sometimiento extremo a lo divino.

Según recoge la Biblia (que es aceptada por el Islam como la primera revelación, siendo los Evangelios la segunda y el Corán la tercera y última), Dios había exigido a Abraham un sacrificio especialmente penoso, el de su propio primogénito, Isaac. Ante ello el patriarca no había dudado, subiendo con él hasta la cima del monte. Una vez allí le puso sobre un altar y, cuando estaba a punto ya de matarlo con su cuchillo, un ángel descendió desde los cielos y le hizo parar. Abraham ya había superado la prueba de fidelidad a su dios y no hacía falta más.

Esta historia ha sido utilizada con mucha frecuencia en el arte, y la puedes encontrar en el ángulo superior derecho de estas famosas Puertas del Paraíso del Baptisterio de Florencia que realizó Ghiberti. La obra que hizo arrancar el Renacimiento (Quattrocento) en Italia


 

Sacrificio de Abraham. Ghiberti. Puertas del Paraíso. Florencia. Quattrocento

Tomado de

http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Ghiberti-porta.jpg

 

También entresacado de la Biblia, sucede sobre esta Roca el famoso Sueño de Jacob. En él ve una gran escalera que comunica la Tierra y el Cielo, paseado por los Ángeles, como puedes ver en la obra de un adelantado al romanticismo, el inglés W. Blake.

 

La escalera de Jacob. Blake. Hacia 1800

Tomada de

http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Blake_jacobsladder.jpg

 

Todas estas historias bíblicas terminan por tomar cuerpo en uno de los grandes templos de la Antigüedad. El famoso (y misterioso) Templo de Salomón. Si hacemos caso a la tradición fue construido por un fenicio, Hiram, al que el propio rey le proporcionó todas las medidas que Dios le había revelado.

Se trataba, según muchas tradiciones posteriores, de todo un mensaje hecho piedra en donde las distintas proporciones matemáticas no serían otra cosa que la misma esencia de lo divino.

 

Primer templo construido por Salomón. Maqueta de su posible configuración

http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:TempleJerusalem.jpg

 

En él se custodiaron, sobre un altar que se situaba sobre la parte más alta de la Roca, la famosa Arca de la Alianza. Este fantástico objeto era una caja de piedra que contenía las tablas de la Ley que Dios había dado a Moisés, y desde antiguo se lo tuvo como objeto religioso de poderes extraordinarios, que se llegó a utilizar en las batallas, pues su cercanía abrasaba literalmente a los atrevidos que se acercaban a él sin protección adecuada.

Esta tradición ha hecho pensar en un posible arca que protegía elementos nucleares (como se planteaba en Indiana Jones) que podría relacionarse con la famosa piedra del diablo que Juan de Herrera llegó a descubrir en sus experimentos alquímicos en el Escorial.

 

 

Arca de la Alianza

Tomado de

http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Folio_29r_-_The_Ark_of_God_Carried_into_the_Temple.jpg

 

Lamentablemente el templo fue destruido, vuelto a construir y derribado finalmente por los romanos en las campañas de Tito. Sólo queda de él uno de sus muros bajos, en el lateral de la Roca, llamado actualmente Muro de las lamentaciones a donde los judíos siguen acercándose hoy en día para orar.

 

 

Muro de las lamentaciones

http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Israel-Western_Wall.jpg

 

Sin embargo, la historia de la roca no termina aquí, y la tradición islámica vuelve a nombrarla como el lugar desde donde se inició el Viaje de Mahoma a los Cielos (La Escala de Mahoma), en donde conoció el paraíso y el infierno islámicos aún en vida, transmitiéndoles sus imágenes a sus seguidores.

 

 

 

Viaje Nocturno de Mahoma

Tomada de

http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Muhammad_20.jpg

 

Por si fueran pocas las historias y leyendas entrelazadas a la Roca, los primeros nueve templarios pasaron siete años en los subterráneos de la misma, sin que nunca se supiera el motivo ¿Tal vez buscar el Arca de la Alianza?, ¿estudiar las medidas matemáticas de lo divino en los restos del templo de Salomón?

 

Emblema templario

Tomado de

https://sdelbiombo.blogia.com/upload/externo-5e7efb779337c8152c7314c217073582.jpg

 

Como veis, un lugar impregnado de divinidad y tradición que los islámicos, cuando conquistaron Jerusalén, quisieron apropiarse para su religión, dándole nuevos simbolismos, como se verá en la segunda parte

 

Si queréis saber más sobre la Roca y su significado os recomiendo un excelente libro

 

La Roca. El altar de las tres culturas, de Kanan Makiya

 

 Vicente Camarasa

 

UN KITSCH MORAL. EL CHECKPOINT CHARLIE EN BERLÍN

Esta vez el horror florido no tiene esa carga un poco ridícula que caracteriza a muchos de ellos. De hecho, ante él, no podemos ser camp postmodernos, pues no podemos ser irónicos, ya que su problema no es una belleza excesiva ante un tema indiferente sino algo muy distinto: una reconversión en puro espectáculo de un hecho histórico verdaderamente terrible.

Como seguro recordaréis, tras la Segunda Mundial se inició la Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS, siempre bajo la amenaza de la guerra atómica. Uno de sus principales símbolos del periodo fue el famoso Muro de Berlín que dividió la ciudad en una parte capitalista de otra comunista, evitando que los segundos pudieran huir de un régimen cada vez más dictatorial.

 

Dentro de este muro existieron algunos controles fronterizos (como la famosa Puerta de Brandenburgo que habréis visto en las películas de espías). Otro de ellos fue el Check Point Charlie: una instalación del ejército nosteamericano.

De él queda aún la caseta de madera protegida por sacos terreros (ahora ya falsos, pues son de cemento) del puesto de control En sus alrededores ha ido desapareciendo el muro y la calle se ha llenado de tiendas de souvenir y puestos callejeros en donde se venden reliquias del comunismo (gorros de piel del ejército de la URRS, insignias, partes inutilizables de armas…).

 

 

 

Sin embargo el verdadero horror florido se produce en el mismo puesto de control. Dos actores vestidos de militares, hacen que custodian el puesto mientras enarbolan banderas francesas, inglesas o americanas… y cobran un euro al visitante que quiera hacerse una foto con ellos.

 

 

Y aquí se encuentra lo innoble. Lo que fuera un lugar de terror, se ha transformado en un puro objeto turístico, se ha banalizado y convertido en un juego, una pequeña diversión del visitante.

Un lugar que habla de la falta de libertades ahora es un simple souvenir más, olvidando todos los horrores que causó esta división y las centenas de muertos que lo fueron intentando atravesar el muro.

 

 

 

Realmente sería como si en Paracuellos hubiera una gran foto de su matanza durante la Guerra Civil con un agujerito en el medio para sacar la cabeza y hacerse una foto. Como si en Guernica pusiéramos una instalación de aviones de la legión Cóndor y por el precio de un euro más, además de hacernos una foto en los aviones, pudiéramos también destruir una casa de la que saldrían ardiendo mujeres y niños en medios de gritos, perfectamente conseguidos por la tecnología virtual.

No sé si logro explicar el asco que me produjo todo aquello, pues me pareció una verdadera profanación a la memoria de los muertos pero también de los que aún viven y tuvieron que resistir que la política les pusiera un muro que separó una ciudad y sus familias, sus amigos, sus antiguos trabajos. Simplemente intentad imaginarlo poniendo mentalmente este muro en una parte de vuestro barrio y pensad lo que podría suponer todo esto casi durante 30 años.

Pues ya sabemos que el turismo (especialmente el masivo) termina por banalizar las cosas (de ahí la idea de souvenir), ya que el turista mucha veces carece de verdadera información para entender lo que está viendo (o no le interesa tenerla, pues siempre es trabajoso eso que se llama pensar). Pero esto me parece excesivo, grotesco, ya que la memoria es demasiado importante como para convertirla en una atracción de feria.

 

Vicente Camarasa

 

EL GRECO Y TOLEDO LOS ICONOS GENIALES DEL MÍSTICO DE LOS PINCELES

Retrato de un caballero anciano, (detalle) considerado autorretrato, (1595-1600

Tomado de http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:El_Greco


A finales del año 1582 un mensaje del Rey Felipe II. llega a su destinatario en Toledo, la ciudad aristocrática en el corazón de Castilla que en 1560 había cedido la función de capital a la villa de Madrid. El mensaje contenía la respuesta a una "solicitud pintada". Era una negativa: a Su Majestad Felipe II. no le había gustado el cuadro monumental "Martirio de San Mauricio", encargado unos dos años antes, así que su autor ya no podía esperar más encargos por parte de la Casa Real. El nombre complicado del pintor extranjero, quien tenía que soportar aquella profunda decepción, era Kyriakos Theotokopoulos, pero en Toledo lo llamaron simplemente "El Greco." De su reacción inmediata no se sabe nada. ¿Arrojó los pinceles y contra la pared, lleno de rabia? De todas maneras, había esperado mucho más de ese encargo que iba a contribuir a la decoración del Escorial, la nueva residencia de Felipe II, pero sus esperanzas de iniciar una carrera como pintor de cámara de S.M. de repente se vieron frustadas.


Mirando su biografía, aquel fracaso inesperado se convierte en una feliz coincidencia – tanto para el pintor orgulloso como para la metrópoli aristocrática Toledo, la que tuvo más habitantes a finales del Siglo XVI que en la actualidad. Es que raras veces hubo una simbiosis tan estrecha entre un genio de las Bellas Artes y su patria elegida como en el caso de El Greco y Toledo. El pintor más genial que jamás vivió en Toledo había nacido con el nombre de Kyriakos Theotokopoulos en el año 1541 en Candia (hoy Heraklión) en la isla de Creta, cuando aquella perteneció al Imperio veneciano.

Allí recibió una formación como pintor de iconos de estilo bizantino, antes de emigrar a Venecia en 1567. En la metrópoli del Adriático se convirtió en discípulo de Tiziano y Tintoretto, desarrollando poco a poco un estilo conforme a los ideales del Renacimiento. Su estilo, a principios dominado por las influencias claramente bizantinas, sin perspectiva y con colores oscuros, empezó a imitar la riqueza del colorido de la pintura veneciana del XVI, introduciendo especialmente matices de rojo luminoso, celeste y amarillo intenso, así como profundidad de perspectiva y escenarios llenos de dinamismo dramático. Aunque pronto llegó a tener cierta fama (en Italia se llamó "Domenico"), resultaba muy difícil conseguir un exitazo decisivo en Venecia, la metrópoli de la pintura renacentista. La competencia parecía demasiado genial y sobre todo muy firmemente establecida en el gran mercado del arte: Tiziano, Tintoretto, Veronese, Bassano. Quizás era ésa una de las razones que motivaron El Greco a abandonar "La Serenissima" en 1569 e intentar su suerte en Roma, donde, no obstante, la situación resultó parecida. También en la ciudad eterna logró algún y otro notable éxito – p. ej. al presentar una magnífica "Anunciación", pero los imitadores de Miguel Ángel y Rafael siguieron dominando las Bellas Artes en la ciudad donde residen los Papas.

El Greco no destacó exactamente por una falta de orgullo: propuso remplazar los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina por nuevas obras suyas que serían más "decentes". Aquella propuesta, como era de esperar, provocó el rechazo indignado de muchos pintores romanos y contribuyó a su convicción que tampoco en Roma iba a encontrar la suerte deseada. Cuando en el año de su muerte 1576 el gran Tiziano le dió una carta de recomendación al Greco, dirigida al Rey Felipe II., el que estaba buscando muchos artistas para decorar las más de mil habitaciones de su nueva residencia, el Palacio del Escorial (antaño la obra más grande de Europa), el pintor de Creta decidió intentar a su edad de 35 años un nuevo comienzo en España.


Toledo convierte a un Extranjero en un Genio del Siglo

Durante su estancia en Roma, El Greco ya había conocido a unos intelectuales procedentes de Toledo, los que luego le ayudaron a establecerse en su ciudad. Por ello, no fue a asentarse en Madrid, sino en la antigua capital Toledo. El retablo mayor para el convento toledano Santo Domingo el Antiguo con los lienzos de la Asunción y la Trinidad en el centro fue la primera obra del Greco para su nueva patria (lo concluyó en 1577, hoy el original de la Trinidad se encuentra en el Museo del Prado). Una riqueza de colores muy llamativos y una escenificación espectacular dominan esas pinturas, las que muestran las influencias de Tiziano y Tintoretto, pero a la vez demuestran como el maestro obstinado había encontrado ya su propio estilo, más radical aún en emplear un colorido atrevido.

Esos colores luminosos llaman la atención: los ropajes y velos de los ángeles de rosa purpúrea, verde amarillento y celeste intenso, así como el extraño amarillo del manto de Dios Padre. El cuerpo del Salvador muerto, de color márfil y de postura retorcida, aparece como un gran signo de interrogación en los brazos de Dios Padre, coronado por el Espíritu Santo en su aparición habitual como paloma, la que está volando como si quisiera salir del cuadro, y arrastrando una radiante cabellera de cometa


 

 

Trinidad.

Tomado de http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:El_Greco

 


El año de las primeras obras del antiguo pintor de iconos, Theotokopoulos, para su nueva patria Toledo se podría calificar como "el Año Místico" en las crónicas de España, ya que en el mismo año 1577 los dos místicos españoles más importantes, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, escribieron sus obras principales: Santa Teresa concluyó las "Siete Moradas" y San Juan escribió en la cárcel de la Inquisición en Toledo (!) la primera parte del "Cántico" y su poema genial "La Noche Oscura". No se sabe si El Greco, como lo mantienen algunos historiadores del arte, llegó a conocer personalmente a los dos carmelitas místicos en Toledo. Un encuentro directo es más bien improbable. Sin embargo, es muy probable que estudió las obras exitosas de Santa Teresa, dejándose inspirar por su "Castillo Interior" cristalino y por sus "arrobamientos extáticos" detalladamente descritos, sobre todo durante de su última fase de creatividad después de 1600.

Desde el principio, todas las creaciones toledanas del Greco están hondamente marcadas por un fervor místico que en Toledo encontró el ambiente y público adecuados. Cuando entregó en 1579 su cuadro monumental de temática pasionista, pintado para la Sacristía de la Catedral  ("El Expolio"), se podía observar todo tipo de reacciones entre entusiasmo y rechazo total. El Cabildo de la Catedral, la institución que había encargado aquella obra, criticó muchos detalles técnicos de la pintura y se mostró irritado de que algunas personas (en el fondo) del cuadro sobresalen la figura del Cristo por su altura. Al final los del Cabildo sólo querían pagar la mitad del precio contratado de 3500 Reales e incluso le amenazaron al pintor con llevarlo al tribunal de la Inquisición por posibles "huellas de herejía" en su lienzo.

 

El Expolio

Tomado de http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:El_Greco

 

 

En efecto, aquel cuadro revolucionario debía inquietar a muchos espectadores contemporáneos: el manto de púrpura, llevado por Cristo no es de color púrpura, sino parece pintado de sangre, y la figura del Salvador ilumina el centro de la escena como si fuera una llama, y está rodeado de sus atormentadores pintados como caricaturas de colores grises y oscuros. El Greco ha construído un círculo de caras crueles llenas de odio alrededor del Cristo, soberano de la luz, a quien parecen atacar desde todos los rincones. La violencia de las torturas, aunque no mostrada directamente, se insinúa aquí de manera muy sútil.

Mediante ese rasgo de ingenio, el maestro de Creta nos quiere presentar a Jesús con el rostro glorioso (ya antes de la resurrección) y como personificación del Amor cristiano incondicional y del espíritu de sacrificio – perseguido y torturado por los esclavos de un odio desalmado y fanático. No es de asombrar, pues, que una interpretación tan fundamentalmente cristiana de la Pasión de Jesús no fue comprendida (y hasta considerada "peligrosa") por una Iglesia que, parecida a los fariseos judíos, empleó la persecución y la tortura (mandadas por el "Santo Oficio") como medidas para defender su poder en la sociedad. Finalmente,  la disputa entre el pintor y sus comitentes eclesiásticos se resolvió por una comisión que elaboró una nueva calculación para fijar el precio de la pintura que había desatado la polémica. El portavoz de aquella comisión expresó la opinión de la mayoría de los habitantes de  Toledo - tanto antaño como hoy día -  y calificó el valor del cuadro "El Expolio" como incalculable. El proceso escandaloso incluso se convirtió en una ventaja para El Greco, ya que traía consigo una publicidad considerable, haciendo popular su nombre en toda España, lo que le aseguró muchos nuevos encargos.

Entre 1586 y 1588 pinta su obra más famosa, que le garantiza fama inmortal: "El Entierro del Conde de Orgaz". Ese cuadro, encargado por el párroco de la Iglesia de Santo Tomé, ya destaca por sus dimensiones gigantescas: casi 5 metros de altura y 3,60 de anchura. La composición pomposa está dominada por el contraste entre la realidad terrenal y las esferas celestiales.

Mientras que la escena terrenal del entierro del Conde se caracteriza por un naturalismo detallado que muestra personajes reales de la nobleza toledana con sus rasgos individuales, en el escenario del Cielo todo parece envuelto en una niebla misteriosa de nubes iluminados de luz celestial.

 

El Entierro del Conde Orgaz

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En la mitad inferior del cuadro, los contornos de las figuras son claros y concretos hasta en los detalles más pequeños (p. ej. los bordados de los mantos de San Agustín y San Esteban), sus miradas expresivas, y los colores que predominan son el negro (los ropajes de los nobles y la armadura del Conde) y el blanco (las gorgueras y caras de los Grandes). En la mitad superior, El Greco desata toda una magia de colores extraños, casi alucinógenos. También se pueden descubrir algunos símbolos convencionales, como las llaves de San Pedro. Pero en general, la niebla mística hace aparecer muchas siluetas y las caras de los ángeles como difusas y borrosas. Y las figuras que salen de esa niebla de luz son pintadas de colores raros y artificiales: la piel del Bautista es verdosa, la aureola que rodea la figura del Cristo es de un amarillo radiante y el manto y velo de la Virgen María muestran dos colores que iban a ser característicos para el arte del Greco: un rojo y azul que parecen "deslavados",  desmaterializados son colores metafísicos llenos de matices trasparentes. En el centro de ese cuadro monumental, el maestro nos presenta el detalle más atrevido: el vuelo del alma. Un ángel vestido de una túnica dorada y con las alas desplegadas está llevando una membrana transparente e iluminada de luz – el alma del conde difunto – de la tierra a la vida eterna del Cielo. Ningún pintor se había atrevido antes a mostrar ese misterio más profundo del tránsito del alma a esferas eternas de manera tan explícita. Esa obra del Greco es uno de los diez cuadros más importantes de la historia del arte e incluso en el Siglo XXI hay visitantes que sólo vienen a Toledo para contemplar esa creación tan singular. Así ya lo pronosticó su creador después de entregar el "Conde Orgaz"– tan arrogante como acertado, diciendo que futuras generaciones descubrirían su valor y lo considerarían como uno de los genios más grandes de la pintura.

Retratos realistas y Visiones místicas

Aunque las obras más típicas y conocidas del antiguo pintor de iconos muestran visiones religiosas que destacan por su monumentalidad y su misticismo patético, también se dedicó a la creación de retratos íntimos y muy realistas, llenos de naturalismo expresivo, parecido a las obras posteriores de su admirador Velázquez. Un buen ejemplo constituye el retrato de Antonio de Covarrubias (pintado en el 1601), un canónigo de la Catedral de Toledo.

 

Antonio de Covarrubias

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Se presenta ese clérigo vestido como aristócrata, lleno de elegancia y grandeza, pero a la vez con cabello ya blanco y con la mirada cansada, deprimida por la vejez y quizás la soledad, y llena de fatalidad.

Podría ser casi una personificación del Imperio español que empezaba a mirar en aquella época su propio ocaso lento, desde una posición de orgullo, pero ajeno a la realidad. Ese cuadro impresionante muestra gran semejanza con el famoso autorretrato del Greco pintado hacia 1595, en el que el maestro se caracteriza también por una postura y vestiduras aristocráticas, pero con una mirada muy melancólica. Más de una vez, El Greco demuestra, tanto en su vida como en su obra, que ha conseguido adoptar dos cualidades típicamente españolas: orgullo frente a los hombres y humildad ante Dios.

 

A su hijo Jorge Manuel, pintor como su padre, lo ha retratado ejerciendo su profesión. Y no lo ha pintado con un traje de trabajo lleno de manchas, sino como un príncipe sereno, con jubón negro elegante y la blanca gorguera, típica de la nobleza española – y también un símbolo del orgullo del Greco y su hijo que como inmigrantes consiguieron conquistar el respeto de la aristocracia toledana. Ese retrato de su hijo se encuentra hoy en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Su bella pareja (¿esposa?) Jerónima de las Cuevas fue retratada muchas veces por El Greco como Virgen María, p. ej. representando la Mater Dolorosa, en un cuadro concluído entre 1590 y 1595 (hoy en el Museo de Estrasburgo). Ese retrato convence por su magnífica sencillez, el genio griego renuncia aquí totalmente a la pompa habitual que domina otras escenas religiosas creadas por él. Esa Virgen vestida de blanco y azul, llena de austeridad y profunda tristeza, no necesita mantos o velos preciosos, porque la mujer del Greco le presta a Ella su rostro bellísimo de grandes ojos negros.

 

Sagrada Familia

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En el año 1606 llegó a pintar el más copiado de sus retratos de Cristo, otro cuadro sagrado destinado a la íntima oración, como un retablo portátil. El Salvador tiene claros rasgos de iconos bizantinos por su posición de majestad y la postura de la mano derecha, levantada en el gesto de bendición, tan típico de un "Pantocrátor" griego. Los colores, de nuevo el rojo y azul casi descoloridos y metafísicos, paracen ser iluminados para sugerir la Transfiguración del Señor. Sobre todo atrae la atención esa mirada hipnotizante de los ojos oscuros del Salvador que emana un carisma tan sagrado e intenso que de vez en cuando un visitante que contempla la pintura en la Sacristía de la Catedral de Toledo se arrodilla como durante una misa.

El Salvador

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En sus retratos de santos (pintó al menos 25 versiones de San Francisco) y sus famosas series de los ápostoles, El Greco consigue combinar una representación realista de los personajes con una expresión de emociones extáticas, p. ej. en su presentación de San Pedro con la mirada lacrimosa en el momento antes de echar a llorar por su traición. Especialmente en sus cuadros de temática religiosa de la última fase de creatividad después de 1600 se puede observar una "explosión de emociones" . El Greco parece abandonarse al goce de visiones surrealistas, pinta sus figuras cada vez más alargadas, a veces extrañamente desfiguradas, sobre todo con las manos inmensas, personajes pintados como si fueran llamas del Espíritu Santo, ángeles que parecen mariposas con sus inmensas alas multicolores y cuerpos frágiles y casi trasparentes como si emanaran una luz interior. Colores y contornos y algunos detalles parecen pintados como  en un delirio fébril o bajo influencia de drogas – no es de asombrar que también la generación del 1968 redescubrió El Greco con entusiasmo. Sin embargo, hubo historiadores del arte que criticaron sus últimas creaciones como "desviaciones extáticas" o incluso buscaron la explicación de su técnica tan extravagante en interpretarla como síntoma de una creciente locura. Carl Justi, un experto alemán del arte de Velázquez, calificó El Greco como "...un visionario...un problema patológico, un caso para un médico."

Apertura del Séptimo sello

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¿Fue realmente un loco o el gran "Místico de los lienzos", profeta con pinceles y la paleta, llevado por devoción fervorosa? En la vida real hay bastantes testimonios que demuestran que no era para nada ajeno al mundo, al contrario, se mostraba como gozador inclinado a la vida lujosa, y para permitirse ese lujo tenía que endeudarse más de una vez. Como ser humano, El Greco quiso ocupar una posición privilegiada en la sociedad aristocrática de su querida ciudad elegida Toledo.

 

Toledo como "paisaje del alma" del Greco
Hoy día, Toledo se presenta como una ciudad-museo y como baluarte de una Iglesia Española ultraconservadora , antaño, a finales del Siglo XVI fue una ciudad muy viva e innovadora, centro de la humanística y punto de partida de reformas religiosas y de movimientos místicos apoyados por amplias partes del pueblo (como los Carmelitas Descalzos, pero también "heterodoxos" como los Alumbrados). Hubo un auténtico fervor para descubrir lo divino de manera individual, como lo hizo El Greco en sus visiones pintadas.

Pocos años antes de su muerte, hacia 1610, El Greco llega a pintar  un paisaje que incluso ha sido admirado por los aficionados del arte moderno, los que normalmente suelen rechazar sus cuadros religiosos: "Vista de Toledo" (también llamado "Toledo en la tormenta").

 


Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:El_Greco_View_of_Toledo.jpg

 

 En una época en la que casi ningún cliente compró un paisaje pintado, El Greco creó esa imagen que destaca por su técnica casi impresionista probablemente sólo para sí mismo. Es como un homenaje pintado para expresar su agradecimiento a Toledo por todas las inspiraciones que su patria elegida le ha dado. No obstante, sería muy superficial interpretar aquel cuadro como paisaje normal o simple panorama urbana. Para todos los conocedores de la obra del Greco, queda obvio que tenga una significación metafísica, un mensaje religioso. "Toledo en la tormenta"  se presenta como un sueño alucinógeno. Podríamos calificarlo como un "paisaje extático". Los frentes de las tinieblas y de la luz están luchando en ese inquietante panorama, parecen estar en continuo movimiento, como durante una tormenta real, cuyos relámpagos iluminan de repente algún detalle para dejarlo caer en la oscuridad en el próximo momento. Sí, se puede reconocer la ciudad real de Toledo: el barranco del Tajo con el puente de Alcántara, la colina del Alcázar y la torre alta de la Catedral, las murallas. Pero las siluetas parecen a la vez estilizadas para ser simbólicas, los colores son raros, ultramundanos, están dominando un verde que tiene matices de amarillo de azufre, contrastando con tonos azules fríos que cambian de grisáceo al morado profundo de las nubarrones.

Muy pocos negarán que "Toledo en la tormenta" sea no tanto un panorama real, sino que más bien represente un paisaje del alma, donde tiene lugar la batalla apocalíptica entre bien y mal, entre los poderes de la luz y las tinieblas. Los edificios soberbios de esa ciudad soñada contrastan mucho con el fondo tenebroso del cuadro.

 

 

 

Y no sólo es un relámpago que los inunda de luz, es que la Catedral, el Alcázar, el puente de Alcántara y las murallas y otros edificios parecen estar iluminados desde dentro.

El Greco ha pintado Toledo como Civitas Dei de San Agustín, como la "nueva Jerusalén" del Apocalípsis. Su estilo característico formado en Toledo es absolutamente único, ni renacentista ni barroco. El monje y poeta Hortensio Félix Paravicino, también magistralmente retratado por el genio cretense, escribió en un Soneto dedicado al Greco: "Creta le dio la vida, y los pinceles - Toledo mejor patria, donde empieza - a lograr con la muerte eternidades."

Texto + Foto 1:
Berthold Volberg

Fotos: wikimedia commons

LA PRIMERA VISITA A ALCALÁ DE HENARES. EL HOSPITAL E IGLESIA DE ANTEZANA

 


 

Estoy seguro de que no es la construcción más bella de Alcalá, ni siquiera la más espectacular, pero confieso que siento una especial predilección por ella

Se encuentra en el mismo centro de la Calle Mayor, junto a la casa de Cervantes, en lo que antaño fuera la línea divisorio de los barrios judío y morisco.

A primera vista apenas si se la tendrá en cuenta, pues sólo se nos muestra por un gran portalón de madera semiabierto. Pero si se entra en él se llegará a una especie de callejón que, tras un brusco giro, conduce a un patio. Esta forma de entrada se llama puerta en codo y era ya típica en la arquitectura musulmana, pues evitaba las miradas indiscretas desde la calle, consiguiendo un alto grado de intimidad (y silencio) en el patio.

 

 Corredor de entrada

 

Éste está realizado a la manera castellana, con zapatas de madera sobre pilares, y tiene un viejo pozo, una hiedra y una escalera que conduce a la galería superior.

 

 Patio de Antezana

 

En ella hay doce habitaciones, tantas como apóstoles, que fueron de un hospital y ahora sirven de asilo de ancianas.

El origen del mismo viene de una fundación piadosa que los Antezana dejaron prescrita en su testamento.

En ella posiblemente trabajó (como cirujano y sangrador) el padre de Cervantes. También, all final del corredor todavía se conserva la cocina en donde trabajó San Ignacio de Loyola para así poderse costear sus estudios en la Universidad.

 

Volviendo a la calle se encuentra la iglesia del conjunto. Se trata de una construcción barroca sin demasiado mérito pero con una joya y una rareza.

La joya se encuentra en el altar. Aunque la mayoría no lo sepa se trata de una de las mejores obras de imaginería de España. Una Virgen con Niño de Juan de Mesa (el creador del Gran Poder) con una policromía exquisita y una belleza clásica tanto en los rostros como en el elegante juego de pliegues de sus ropajes.

 

 Juan de Mesa. Virgen con Niño. Siglo XVII

 

En cuanto a la rareza es una pequeña capilla a los pies con frescos y óleos sobre lienzo anónimos del barroco.

 


 

Entre ellos destaca el dedicado a San Ignacio de Loyola que, el buen párroco de la iglesia, buen conversador y restaurador amateur en sus ratos libres, cuida de las humedades y otros descuidos del tiempo que aquí se ha parado, como una astilla perdida en el mismísimo siglo XVII.

Y es que, incrustada en el centro de la ciudad histórica, esta iglesia y su patio sólo esperan a un visitante con la suficiente sensibilidad para moverle en el tiempo casi por embrujo y mostrarle este pequeño recinto en el que aún se respira el aire de nuestro Siglo de Oro. O por lo menos así es como lo siento yo.

 

PARA SABER MÁS DE ALCALÁ

 

Vicente Camarasa